EN EL MUNDO DE DISCWORLD.


En el mundo de Discworld jugamos a los detectives.
Yo soy el jugador, o al menos eso creo , yo de momento voy a tomar el papel de un detective llamado Lewton, me mola el papel de tipo duro, a vuelta de todo, cigarro humeante en la boca y un amplio abanico de grises de fondo, fundido en negro. Así me encuentro con que debo resolver una serie de crímenes que azotan a un mundo que al poco de empezar la partida comienza a parecerse excesivamente al mío, su definición, sus sombras, sus contrastes incluso sus pensamientos escritos en un extraño y satinado papel.
Con un torbellino en la cabeza me encuentro caminando por la ciudad donde el ladrón o ladrona reside y me doy cuenta de que algo no funciona, no consigo separar unas cosas de otras, las pis
tas forman un círculo estrecho en el que parece ser que el objetivo es…¡YO!.
En mi cuaderno de notas se mezclan datos sobre el caso, la víctima e incluso de mi mismo.
¿Acaso me he convertido en todo eso?
.
Eficiente y sistemático no ceso apuntar todos los indicios, por insignificantes que puedan parecer, incluso apunto el contenido del bolso al que accedo aprovechando un despido del ladrón o ladrona.

En su interior hay un cuaderno de apuntes igual que el mío, alguien le facilitó acceso al ladrón o ladrona a mis anotaciones; unas gafas de sol blancas con unas graciosas rendijas que ocultan sus ojos de otras miradas inquisitivas; y un papel con una extraña frase: “soy la madre de la virgen”.

No puedo contener una sonrisa, como pude ser tan estúpido, fue ella, mi hacendosa nueva amiga surgida de la nada, fue ella quién me robó cuentas de mi colgante para colgarlas en el suyo, en el de su amiga, jefa y dueña.

Están cambiadas, a penas reconocibles, toscamente redondeadas, lo justo para hacerlas suyas, pero las tallé yo mismo con estas manos, sé que destrozadas y burdamente deformadas, son mis preciosas cuentas de colores.

El juego comenzó en el despacho de Lewton, mi despacho, donde nos contrató una mujer, la cual pidió nuestra ayuda para e
ncontrar a Musa, alguien querido que se fue hace tiempo y al que no han podido encontrar.
Al final también fui ese personaje, resulta que me buscaba a mi; ni ella ni yo lo sabíamos, pero yo era su objeto de deseo, por el momento.

A medida que el juego avanza llego a un punto en el que aparecen una serie de acertijos que me llevan al mismo lugar, la madre de la virgen anda en la ciudad robando cuentas de collares como el mío.

En el juego la ladrona se ayuda por un cánido hembra de menor tamaño que un lobo, pero mayor que un conejo que le trae víctimas a su señora.

Cuidado, quizá te busquen a tí ahora.

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