PRODUCTOS MILAGRO.


Que a políticos, administrativos, empresarios, medios de comunicación, justicia, etc les importa un pimiento la salud pública es ya una realidad asumida por la sociedad como la gravedad.
Que además entre t
odos tienen montado un tinglado con el que se están forrando a manos llenas traficando con nuestros cuerpos es más que obvio.
Que somos idiotas por seguir picando el anzuelo a sabiendas de que es un timo, es la explicación a todo este asunto.
Tenemos lo que nos merecemos, el gobierno que votamos y las leyes que no denunciamos.

¿Como sino se puede explicar que año tras año, a sabiendas de que en algunos casos son auténticos venenos, se permita la invasión de productos milagro en farmacias y parafarmacias de nuestro país?.
¿Por qué no se prohiben y se encarcela a esos que atentan contra la salud pública del mismo modo que un camello que pasa cocaína?.
Estamos en mala época, me da a mi que no es buen momento para denunciar esas cosas, se acerca el buen tiempo y lucir carnes prietas y estómagos lisos es el deseo de jóvenes y mayores, así que lo van a dejar correr hasta que vuestros bolsillos estén algo más ligeros, vuestros tocinos intactos y vuestra salud mermada.
La operación biquini amenaza más cruda que nunca y nos lleva a las farmacias a comprar los productos milagro pensando que comprándolos en establecimientos “legales” evitáis el riesgo que supone adquirir este tipo de productos en Internet o en alguno de esos establecimientos “sospechosos”.

Es como olerle el culo a una top model esperando que le huela a chanel, no hay tu tía, la compres donde la compres, mierda es mierda.
El sistema es simple,
los laboratorios lanzan estos productos en campañas de un par de meses, cuando la administración “quiere” reaccionar, o sea cuando están seguros de que sus amigos de los laboratorios han vendido todo su stock, los retiran de la circulación en un paripé legalista de lo más cutre. Pero lo que me tiene en éxtasis es el cinismo, la hipocresía y el rostro de granito de los farmacéuticos que aseguran que los que venden en sus propias oficinas son tan “peligrosos e ineficaces” como los que se venden en la red de redes o en el “Top Botica” de la tele.
Luego no parpadean cuando juran y perjuran que no venden preservativos ni anticonceptivos por objeción de conciencia, panda de chorizos.

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