SUPERPULSERA SUPERPODEROSA.


Iba yo como todos los días a trabajar contento y feliz en el tren ensimismado enfrascado en mi lectura.
Soy de esos tipos raros que observan a la gente y piensan…
¿Qué estará leyendo?
No cabe en mi cabeza otra cosa que un libro, un comic, una publicación interesante…
Intento adivinar lo que me estoy perdiendo y odio al afortunado o afortunada lector o lectora.
Es deformación psicótica, a mi me cuesta moverme por el mundo sin la compañía de un libro.
Esa lectura robada al tráfico, al estrés, me ayuda a apreciar el transporte público en su total dimensión. Aprendes a vivir con esos momentos de divertido caos; un frenazo brusco seguido de acelerón sorpresivo y de nuevo, antes de que las víctimas recuperen el equilibrio, un frenazo.
Son situaciones que requieren de máxima atención, los proyectiles pueden aportar grandes dosis de asco y nadie quiere empezar el día con un lamparón de babas en la chamarra.
A un señor se le salta la dentadura postiza disparada, el artilugio vuela libre entre un mar de cuerpos, brazos y manos huyendo despavoridos de la trayectoria mientras los individuos en franca huida tratan de recomponer su dignidad intentando agarrarse a donde pueden braceando como Spiderman.
Pero en medio de ese amasijo humano, de miembros girando y de manos abriéndose y cerrándose vacías veo entre todo ese aforo de personal despavorido y perdiendo la verticalidad por doquier, a un tipo raro.
El tipo parece que vive una realidad paralela, mantiene la estabilidad perfectamente aplomado, inamovible y alucino con su hierática posición ante la vida, ajeno a las leyes de la física, por encima de los mortales compañeros ocasionales de viaje.
Ni se ha enterado del pequeño desastre a su alrededor y me pregunto si será de este mundo, me pregunto que fuerza milagrosa mantiene a aquel tipo allí de pié insensible a la inercia y empiezo a observarle detenidamente.
Observo un gesto lánguido al llevarse la mano al pelo, lo único que se le ha descolocado, un fino mechón en el flequillo que está colocando en su lugar tranquilamente.
Y en ese leve movimiento descubro su secreto, por fin lo comprendo, el tipo tiene suprpoderes, lleva una pulsera Power Balance de esas que tienen propiedades milagrosas entre las que, sin duda ninguna, ha de estar ese sentido sobrenatural del equilibrio.
Casi puedo ver cómo la influencia benéfica del milagroso artilugio corre por su brazo, portento físico especialmente musculoso por acción y gracia de la energizante pulsera.
Siento el calor apabullante de ese caudal de energía que rebosa a su organismo aumentando su fuerza y su resistencia.
Y una corriente de profunda admiración me embarga hacia esa persona que gracias al seductor magnetismo que le confiere la pulsera de marras se convierte en mi ídolo para siempre jamás de los jamases.
Además si deportistas destacados como el tenista Manolo Santana, los surfistas Pablo Gutiérrez y Courtney Conlogue, la corredora de Four Corss Eva Castro, el baloncestista Shaquille O’neal o el piloto de Fórmula 1 Rubens Barrichello, lo aseguran en el anuncio, fijo que es cierto.
Ahora comprendo que sean tan buenos, claro, con pulseras Power Balance cualquiera es el amo del cotarro.
Yo no le voy a dar más vueltas, de momento me voy a comprar el Power Balance para ser extremadamente fuerte, el alargador de pene para estar extremadamente dotado y el ciripolen para tener energía como para echar a andar una central térmica, a ver si alejo unos cuantos demonios y me subo a la cresta de la ola hecho un brazo de mar.

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