TIERRA SOBRE EL CUERPO.


Tierra sobre el cuerpo:
_Caballeros, miren esos ojos, miren esas manos y presten atención al escenario que se abre para sus negocios.
Les garantizo que si me prestan atención tan solo unos minutos, serán ustedes los que no
querrán irse, a pesar del horroroso catering con el que les hemos intoxicado hoy_.
El agente comercial de la empresa minera desplegando todo su poderoso arsenal de trucos mostraba la foto de dos niños, el mayor de ambos a penas tendría nueve o diez años.
Con una enorme y perfecta sonrisa señalaba con su mano las sucias caras de los pequeños que tras la suciedad enmarcaban un vacío inmenso en sus miradas mientras ofrecían sus manos en muda súplica de ayuda, de limosna.
_Señores, tienen ante ustedes unos operarios de producción altamente cualificados, preparados,
especialmente adaptados a su medio y dispuestos a arrancar de las entrañas de la tierra el mineral más apreciado del mundo, su material señores, su coltán_.
Todos sabían a que habían ido allí, pero escuchar el nombre del preciado material, más valioso aún
que el oro o que el titanio tuvo un efecto catalizador, ya nadie encontraba la conversación de aquel
vendedor aburrida, ya todos prestaban la debida atención.
_Una increíble fuente de riqueza diseminada por toda aquella región que solo necesita que un
puñado de ratas como estas rasquen con sus uñas de aquella tierra reseca_.
El tipo no pestañeaba, ni el más mínimo asomo de humanidad afloraba a su rostro de granito ante
aquellas afirmaciones, al contrario, se sentía feliz, alegre, esta era la oportunidad que había
esperado tanto y tanto tiempo, una operación estelar que si llegaba a buen puerto le reportaría
dinero y fama, la consideración y el respeto de todos sus colegas.
_Dispondrán de la mano de obra más barata del mundo, capaz de trabajar jornadas completas, de sol a sol a precios ínfimos e incluso estarán deseosos de hacer horas extras, con lo insolidario e
impopular que resulta esa práctica en los tiempos que corren_.
El terrible comentario quiso ser jocoso, un chiste y pareció gustar a los reunidos que durante unos segundos relajaron el pétreo rictus de sus rostros esbozando leves sonrisas.
_Señores dense cuenta de que la rentabilidad está asegurada, me he permitido poner ante ustedes los informes sobre la concentración de mineral que encontraremos en la mina, entreguen la documentación a sus expertos, examinen lo que crean oportuno, estamos seguros de que la oferta les va a encantar_.
La codicia había podrido aquellas almas y el hecho se esclavizar niños no era para ellos más que un detalle más de sus actividades empresariales, un detalle que por cierto, abarataba sobremanera los costos de explotación y que siempre que era posible utilizaban sin sonrojo alguno.
El agente comercial avezado luchador en aquellas lides se percató del calado de su pequeña broma y continuó lanzando brutales frases ante la imperturbable mirada de los niños de la fotografía.
_Pero lo mejor de todo es que a las autoridades les da igual, al igual que estos topillos solo piensan en ganar más y más dinero, son baratos de comprar y fáciles de quitar de en medio si hacen demasiado ruido, aunque no será el caso, creanme, todo está bien amarrado.
pensar en que si se negasen a meter horas extras, otros muchos niños como ellos podrían ser
explotados en las minas de coltán, de diamantes, de cobre o de oro o de vete tu a saber que del
mundo, los muy cabroncetes lo quieren todo para ellos_.
El tenso ambiente del principio ya por completo relajado, había transformado el recelo inicial en
vivo interés.
Una nueva andanada de sonrisas coreó estas palabras, ya eran suyos, los inversores habían decidido escucharle y con ello sus repletas carteras se abrían de par en par.
_Además por, razones obvias, no declaran a la hacienda de sus países, en la mayoría de los casos no están ni censados. En la zona no hay, a día de hoy, organizaciones pro derechos humanos ni nada parecido y nosotros nos encargamos de que la situación no cambie, velaremos por sus intereses_.
Con meridiana simpleza les daba a entender que en la mina que esperaban financiar, la impunidad sería absoluta, así aseguraban que los costes de producción se transformarían en una simple anécdota.
En aquella reunión se hablaba de miles de millones a repartir con unas inversiones iniciales
irrisorias, la depredación ancestral del poderoso al pobre.
_La complejidad de la zona es tal que ni se fundan ONGs de niñatos vividores. Son insolidarios, no dan limosnas y lo que es aun peor, no visten a la moda_.
Se decidía la viabilidad de una explotación de Coltán en la zona del Congo en África, área
geográfica que se mostró especialmente rica en este material que por aquel entonces ya se había
erigido como base fundamental de la oronda economía occidental, del Gran Norte.
Emplazados a la zona de la mina unas semanas después, la empresa y los posibles inversores se las prometían muy felices, el negocio estaba hecho.
Llegada la fecha, los inversores se encontraron con que se habían cuidado los detalles al máximo,
alojados en un complejo hotelero de máximo lujo donde el mínimo capricho era satisfecho de
inmediato por un servicio que trabajaba en situación de esclavitud, según pasaban las horas allí las sonrisas eran más abiertas y las actitudes mucho más relajadas.
La estrategia seguía dando sus frutos, el comercial lo sabía bien, unas horas más y sus voluntades embotadas de alcohol, drogas y sexo desaparecerían de aquellos hombres.
Al día siguiente invitados por la organización acudieron a visitar las áreas delimitadas en las que se empezaban las obras de adecuación para las minas. Pasos para trafico pesado, maquinarias,
instalaciones, etc…
Pasaron frente a una zona de chabolas, un grupo de casetas prefabricadas de madera y plástico en la que una nube de pequeños se asomaba por puertas y ventanas y corría hacia los vehículos amendigar.
El agente trataba de pasar de largo forzando un sonrisa.
_Pasan de ir a la escuela y no hacen ni puñetero caso de los profesores cuando van, son sucios,
molestos y ruidosos, pero son una mano de obra barata y eficiente_.
Los niños literalmente avasallaban a los visitantes, los guías que les acompañaban se emplearon a fondo para despejar el enjambre a golpes. Los pequeños caían al suelo a empujones y golpes y se levantaban para huir despavoridos ante las risas de suficiencia de los guías y de los invitados que encontraban divertido ver a un niño famélico en el suelo limpiándose la sangre de sus labios con lágrimas en los ojos.
Uno de estos pequeños se levantó ante ellos, llevaba una diminuta bolsita – amuleto colgada al
cuello y arrancándola violentamente hizo un gesto a los presentes y murmuró unas palabras
ininteligibles en su lengua antes de marcharse con una sonrisa en sus labios sangrantes.
Un ominoso silencio se materializó entre los empleados nativos, que se miraban con los rostros
desencajados de terror ante la extrañada mirada de los occidentales.
_¿Qué ocurre aquí joven?_
El agente comercial con gesto preocupado se acercó a dos nativos que murmuraban entre sí, al llegar a su altura antes de que hiciese la pregunta le respondieron.
_Es una magia poderosa señor, la maldición está hecha y el vudú vendrá a por nosotros todos_.
_Gran magia señor, gran magia, es muy malo esto, mucho_.
El joven se reía a carcajadas al darse la vuelta hacia sus clientes apresurándose a relatarles que todo era fruto de una de esas absurdas supersticiones nativas.
_No se preocupen amigos no son más que paparruchas de estos monos, nada de que preocuparse, a partir de la próxima semana estos cerdos cuando lleguen a esas chabolas a las que llaman casa tendrán algo mucho más importante de lo que preocuparse que de paparruchas de vudú, de magia y de tonterías como esas_.
No le gustaban esas situaciones, su experiencia le decía que las complicaciones con los nativos
empiezan con episodios estúpidos como aquel. Pero no podía permitir que se escapase aquella
ocasión, había de convencer a los clientes para que firmasen, para que inyectasen dinero fresco en la explotación y a partir de entonces todo iría rodado.
Cuando le pareció que los inversores quedaban satisfechos se despidió de ellos y decidido a atajar el problema de raíz se dirigió a la tienda de unos empleados nativos.
Al entrar se encontró el recinto revuelto, como si alguien hubiese huido de allí precipitadamente, le extrañó mucho, el silencio que reinaba en el barracón era irreal, forzado, caminaba con aprensión sin comprender lo que ocurría, nadie había visto salir a nadie de allí y aquel silencio…
Unas marcas en la pared, unas palabras ilegibles para él, quizá el nombre de uno de los indígenas, y cuanto más se acercaba para leerlas, más se oscurecía todo alrededor, sin darse cuenta absorto en aquel detalle sin importancia a su alrededor reinaba la penumbra.
_Maldita sea, una maldita tormenta de arena, menos mal que me ha pillado dentro del barracón, que no me ha sorprendido fuera… maldito desierto_.
De pronto un escalofrío incontenible sacudió su espina dorsal, una intuición, quizá detectó una
fantasmal presencia a su espalda, un brazo descarnado, putrefacto que brotaba de la pared, una
mano que de forma brutal cerraba su garra en la cabeza del agente y tiraba de él con tal violencia
que llegó a destrozarle la cara contra la pared, una, dos, decenas de veces se repitió aquel brutal
golpe contra la pared, la garra era tan fuerte que no tuvo la menor opción de resistirse. Aún
consciente el agente sintió como una fuerza brutal le machacaba los huesos , le reducía a pulpa al
hacerle atravesar el muro, el brazo espectral le estaba haciendo pasar por un orificio del tamaño de un vaso.
En el exterior, bajo el sol inclemente los inversores no encontraron más que los restos destrozados del hombre ya atacado por las alimañas siempre prestas a cobrarse un botín fácil.
El pánico cundió entre los trabajadores indígenas que huían despavoridos de la explotación
corriendo ante la atónita mirada del grupo de extranjeros que no acertaba a comprender lo que
ocurría.
Uno de ellos decidido a seguir adelante con el proyecto sonreía con suficiencia.
_Señores a ese desgraciado le ha atacado una bestia salvaje, ¡por amor de Dios señores, estamos en el puto Congo, esto es África. El muy imbécil se alejó demasiado del poblado solo y sin protección.
Tienen a su alrededor mil bestias capaz de engullirles, masticarles y escupirles como buñuelos.
Señores yo me quedo, aquí hay mucho dinero en juego_.
No se arrugaban tan fácilmente, y una vez habían echado el ojo al negocio ya no habría fuerza en el mundo que pudiese disuadirles.
_Traeremos equipos de fuera y traeremos a esos indígenas a trabajar aunque sea a tiros, iremos de poblado en poblado, de casa en casa y traeremos a esos mocosos aunque sea arrastrándolos de los pies_.
Todos asintieron y se retiraron si mayor comentario a sus alojamientos, nada más llegar empezaron a usar sus teléfonos.
Uno el mayor de ellos fue directo al baño, estaba ligeramente indispuesto, maldecía constantemente aquel lugar, la comida, las gentes, todo. Solo quería terminar con aquel trámite y volver a la civilización.
Sentado en el borde de la cama sosteniendo la cabeza con ambas manos trataba de recomponerse un poco. Tenía unas náuseas cada vez más fuertes y estaba ligeramente mareado, la vista se le estaba nublando y decidió acostarse. A los pocos minutos estaba completamente febril, bañado en sudor y sufriendo brutales pesadillas en las que un niño de color, extremadamente pequeño y escuálido recitaba entre dientes una extraña letanía que le sumía más y más en ese estado. Momentos después había perdido la motricidad, plenamente consciente se sentía inerte, terroríficamente paralizado, con toda la sensibilidad en su cuerpo, pero incapaz de realizar un solo movimiento voluntario.
Veía con plena nitidez un grupo de niños alrededor bañando su cuerpo con ungüentos y metiendo en su boca un polvo blanco, pronto conocería un nivel de horror aún mayor.
Su mente completamente lúcida y clara perdió el control sobre su voluntad, se había convertido en un autómata castigado a sentir dolor, condenado a no poseer albedrío sobre su cuerpo y a ser
consciente de ello.
De la mano de uno de los pequeños recorría desnudo unos caminos hacia las afueras, por delante de él varios de sus socios caminaban en idénticas condiciones a las de él, por detrás también.
¡Estaban todos allí!.
Durante el camino recordaba las palabras del agente comercial muerto.
…_Entregarán a sus padres a penas cuatro moneditas de mierda para que gestionen toda la casa.
Con todo lo que trabajan, sus padres pensarán que seguro que ganan un pastón, lo que pasa es que se gastan todo el salario en juguetes y chucherías, porque a casa realmente llevan muy, muy poco.
Y con esas miserias sus pobres explotadores, llamemosles padres o no, no tienen para nada, así que tras la paliza de rigor, al día siguiente los niños volverán a la mina más dispuestos aún que la
jornada pasada, es un sistema perfecto señores_…
Recordando aquellas palabras llegaron a un círculo con varios agujeros, no podía negarse ni hacer la más mínima intención de resistirse, se metió en el nicho y se tumbó.
Aún recordando las bestiales palabras del comercial solo podía ver la tierra cayendo sobre el
mientras unas diminutas figuras desde fuera puñado a puñado le cubrían de tierra, era un grupo de niños que cantando una salmodia le estaban enterrando vivo junto con sus socios.
Quería gritar y sentía como si gritase, mas ni un solo sonido se articulaba en su garganta, quería
luchar, debatirse y tenía la certeza de que lo hacía, de que sus manos se movían, sus pies, todo su
cuerpo se movía y salía de aquella pesadilla de un solo salto, pero el seguía allí recibiendo golpe de
tierra tras golpe hasta que su boca se llenó del acre sabor a humedad, a arena y piedra.
El instinto valiéndose de sus últimos impulsos reflejos aun luchaba, pero, instantes después el vacío, el silencio, el fin…
El lugar quedó vacío, al día siguiente el viento borró toda huella de lo ocurrido con nuevas capas de tierra y polvo resecos y muertos. Pero debajo los cadáveres de varios hombres se descomponían y gritaban.
El terror del hombre enterrado vivo que se sabe muerto y no muere, que sabe que sus pensamientos son antinaturales y comprende que su espíritu está prisionero en un cuerpo en degradación, sin pulso, si hálito de vida y que sin embargo siente el horrible dolor de sus órganos heridos, lacerados.
Su alma está a punto de romper el delicado hilo que le une con la persona yaciente dejando tras de sí un humano con espíritu, pero sin alma, solo es cuestión de tiempo, y eso es lo único que transcurre con normalidad.
Al final ocurre, el alma le abandona y deja en el agujero un autómata medio muerto y medio vivo,
sin voluntad ni albedrío, pero con la maldición de comprender, de sentir lo que le está ocurriendo.
Cuando días después la tierra se retira sobre sus cuerpos dejándoles libertad de movimientos, el
grupo de inversores no son más que un grupo de autómatas que gimen con voces cavernosas
incapaces de articular sonido alguno con sus deterioradas cuerdas vocales, ellos aun conservan la
sensación de hablar, más solo salen gritos y lamentos de sus labios colgantes.
Se mueven desorientados como juguetes de cuerda y a la orden de un pequeño indígena obedecen
sin dilación. Caminan tras el niño un largo camino hacia la zona delimitada de la mina donde les
esperan más niños y algunos indígenas adultos que con gestos afectuosos aprueban la labor
realizada por los muchachos.
El mayor de los adultos, el que aparentaba ser de más rango se dirigió al grupo de zombies y
señalando al suelo solo pronunció una palabra.
_Coltán_.
Los obreros artificiales sin un segundo de duda comenzaron a arrancar tierra del suelo con sus
propias manos, se destrozaban los miembros más aún sufriendo aquel horror no podían parar, no
dejarían de trabajar ni muertos, aún siendo unos cadáveres descarnados seguirían arañando el duro y reseco suelo con sus muñones infectos.
El mineral llegaba con puntualidad a los mercados mundiales donde la industria tecnológica ávida
del maravilloso producto pagaba cifras astronómicas por el.
Mientras en los organismos internacionales donde los “buenos oficiales” son fuertes, se congratulan del trabajo de reeducación realizado con los indígenas en la zona.
Se congratulan de la educación, de la preparación que de modo altruista se les ha dado y que ahora les da la oportunidad de gestionar sus propios recursos naturales.
Hoy en día la mina sigue en activo, nadie puede entrar y no existen imágenes de la explotación, tan solo se sabe que puntualmente suministran mineral a sus numerosos y ricos clientes.
Cuando utilicen sus teléfonos móviles, sus ordenadores personales, piensen que en sus entrañas el componente imprescindible es el Coltán, el mismo que se extrae casi en exclusiva en la República del Congo.

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