ESPAÑA SIN LA MÁSCARA.


¿Os acordáis de aquel país que asombraba al mundo por su pujanza económica y por su aparentemente sana democrácia?. Que si, que si hacéis memoria os acordaréis seguro. España creo que se llamaba, ¿ahora?, ya sabía que lo recordaríais. Pues el asunto es que se fue a la porra, se descubrió el pastel y ahora fuera de nuestras fronteras ya tienen una imagen más cercana a la realidad de la porquería de democracia que sufrimos de la calaña política y de la corrupción bancaria que nos adornan. El martes, el Tesoro español sacó al mercado unos títulos de deuda pública de los que se tuvo que guardar un buen montón ya que el inversor extranjero ya no se fía de este corral de ladrones y mentirosos, de fachas, fascistas y tiranos que es este país de conejos. Esto supone un bofetón en la monárquica y católica España de los zapaladrones, una noticia tremenda. Porque indica que la percepción que se tiene de España en el mundo ha empeorado, bueno, no es justo decir que ha empeorado, en realidad ha mejorado, ahora nos ven bien, tal como somos un país del que de verdadera vergüenza ser parte. Los primeros indicios llegaron hace un par de años, cuando las publicaciones de prensa más importantes de USA y UK, medios de gran difusión, empezaron a advertir de que tenían que pensárselo dos veces antes de comprar casas en nuestro país, porque las irregularidades urbanísticas en este país son algo que entra ya en el ámbito historico-folklórico, recuerden por ejemplo el caso de Cantábria en el que primero se vendían casas legales, después se declaraban ilegales y se derribaban dejando a los compradores en la calle y en la ruina, fue necesaria la intervención de tribunales europeos para acabar con aquella masacre urbanística; la corrupción generalizada en todos y cada uno de los estamentos de la Administración siempre ávida de dinero fácil, siempre voraz depredadora. Más tarde, al mismo ritmo vertiginoso en que fueron creciendo los datos de paro, se vino abajo el manido mito del milagro económico español que analistas extranjeros de todos los colores habían venido utilizando como verdad absoluta durante años. Luego vinieron la crisis griega y el temor de que España podría seguir ese mismo camino, el gobierno español se afana en decir que no, que es del todo imposible, pero viniendo de esos, la única interpretación que cabe es que la situación es mucho, muchísimo peor de lo que creemos. Y por si no tuviéramos bastante con la economía, ha llegado el asunto de Garzón, ya saben, esa guerra legal entre fascistas y falangistas contra un señor juez en el que el togado de renombre internacional ha sido criminalizado en pro de una cómoda impunidad para los asesinos de la dictadura. El New York Times, el Financial Times, el Washington Post y cabeceras europeas de gran prestigio han tratado a nuestra justicia con una dureza inaudita y se han preguntado qué clase de democracia es la nuestra. Le Monde, de la vecina Francia escribía que se ha desvanecido un espejismo: el de que éramos un país moderno, lo peor es que es cierto, seguimos anclados en la era franquista en la que a golpe de amiguismo se fusilaba al más pintado si osaba poner un pié fuera del tiesto. Así que amigos míos, es lo que hay. Mucho me temo que los nacionalismos periféricos pronto experimentarán un auge, cada vez mola menos ser español.

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