AQUELLAS GRANDES VICTORIAS.


Uno de los lugares más importantes en nuestra vida y que por alguna extraña razón suele quedar fuera de los recuerdos, es el salón de juegos, los billares, los futbolines.
Era pillar unas pocas de nuestras añoradas pesetas y salir por piernas a echar unas partidas.

Allí, además de la cuadrilla, siempre estaba la chica que nos gustaba con el chico que odiábamos comiéndose los morros como si se fuesen a morir los dos delante tuyo en ese mismo instante mientras tu y tu acné maldecíais entre dientes.

Toda esa frustración, unos años después se transformará en alivio cuando te encuentres con la chica cambiada y ligeramente embarazada; no todo iban a ser sinsabores; soplas, silbas y aprietas el paso.

Pero por aquel entonces, lo que te tocaba era tragar mecha y allí estaban ella y el tipo más idiota y macarra del instituto.

Te encoges una vez más de hombros, el gesto de los acostumbrados a perder, y vas hacia tu máquina favorita, hay un tipo jugando y parece bueno, no pasa nada esperas, a decir verdad te gusta ver jugar casi tanto como jugar tu mismo; es un modo de aprender y de establecer nuevos retos.

Justo antes de empezar recibes una llamada de fuerza mayor desde el rincón peligroso de la sala, tienes sitio en un duelo de titanes, las bolas del futbolín te llaman y esa si que es una llamada ineludible, es acceder a la liga mayor, a jugar en primera categoría.

Una de los contrincantes es el maldito capullo que mantiene su lengua dentro de la boca de tu chica,
la venganza es un plato que se sirve aliñado con pelotas… de futbolín, solo lamentas una cosa, tu juegas atrás, eres portero.
Primera bola, llega muy nerviosa a tu zona de influencia, la paras observas un estrecho pasillo, encañonas, disparas y ¡GOL!.

Se la has clavado desde atrás al macarra, eres feliz, eres grande y deseas con ansia una nueva oportunidad.

Una bola va como un misil directa a tu puerta, cruzas tu defensa y tu portero para cubrir más espacio, interceptas y devuelvas un cañonazo por el mismo pasillo de antes. ¡GOL!.

Eres un héroe, empieza a acumularse gente alrededor del futbolín y notas una sensación cálida en tu cara, ella te mira y por alguna jugada del destino te das cuenta de que ya no te importa, a su alrededor hay varias chicas que te sonríen y que nunca te han mirado como si fueses un piojo, te hacen sentir bien.

Para colmo de bienes, el macarra está perdiendo los nervios, dos goles desde atrás seguidos y por el mismo sitio.
Su compañero y el comienzan a discutir y cambian el puesto, genial, aceptas el duelo directo.

El morreador enlaza tres disparos seguidos a quemarropa, sin mover tus jugadores los interceptas sin mayor problema, al tercero retienes la bola,
miras y encuentras “su” pasillo.
Un latigazo rápido con la muñeca y una especie de obús hace un ruido seco al entrar de nuevo en la portería contraria.

Después de esto, quedan desquiciados, tu delantero sin piedad machaca una y otra vez la portería enemiga dejando al baboso en cero.

Es el éxtasis, han quedado en cero y han de arrastrarse bajo el futbolín, eres Dios.

Al terminar, ves tu máquina vacía y decides ir a disfrutar de tu momento de gloria en soledad, tu y el maldito monigote saltarín comepiedras.

Esa era la época más feliz de tu vida y sin embargo permanece en el rincón de los momentos olvidados, en ese lugar en el que de vez en cuando, cuando menos te lo esperas, los futbolines vuelven a invadirte con su ruido, las máquinas inundan todo con sus chillonas melodías y el macarra y tu chica imposible vuelven sin saber por qué a tu vida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s