LAS PREGUNTAS ADECUADAS.


Estamos cometiendo muchos delitos, muchas faltas contra nuestra propia integridad evolutiva, pero de entre todos los fallos inherentes a nuestra naturaleza el peor es el de incurrir una y otra vez en el error de bulto de tratar de buscar las soluciones a todo lo que nos aflige o preocupa en la ciencia.
Desfachateces como buscar el gen de la simpatía,
del mal humor, de la inteligencia, de todo y lo peor no es buscarlo sino encontrarlo, esgrimir la aberrante idea de que el día de mañana podremos elegir que nuestros niños serán simpáticos porque así los diseñaremos antes de que un cirujano fecunde a nuestras mujeres.
Será tan majete que le insultarán y hará un chiste, le machacarán y sonreirá divertidísimo, todo un dandy educado y bien plantado.
Siempre hemos sido una especie débil, un ser inadaptado fuera de lugar en la burbuja que nos hemos inventado y que hemos asumido como nuestro propio hábitat y eso ha creado un estres atávico que no conseguimos sacudirnos.
Buscamos una razón, una iluminación que corrobore que venimos de esencias más elevadas que los gusanos y el frustrante hecho de no recibirlas de modo categórico nos frustra, nos mina la autoestima. Y como ni Dios ni los ángeles se han dignado a dar respuesta alguna, nos hemos ido a buscarlas al lado opuesto, no al infierno, allí las respuestas son las mismas que en el cielo, cree o muere; sino a la ciencia.
Y no nos damos cuenta de que aun en el hipotético caso de que todas nuestras inquietudes puedan recibir una certera respuesta por parte de la ciencia, al final nos encontraríamos con que no supimos hacer las preguntas correctas.

Y es que tenemos esa tendencia a simplificarlo todo, a huir de lo que nos lleva más de dos minutos explicar, máxime si tal explicación implica abrir parte de nuestros blindajes cotidianos.

Y realmente lo que buscamos no es la iluminación sino comprender que cada día hay que vivirlo como si en si mismo fuese una pequeña vida.

Pequeña si, pero completa, en definitiva una existencia que hay que llenar de vivencias, de trozos de nosotros.
Comprender que hemos de asumir riesgos,
ser valientes y recuperar la consciencia de que cada persona puede mejorar su vida, no huyendo de la responsabilidad, no buscando excusas para el inmovilismo, sino con un instante de valor, simplemente mejorando su actitud.
Cambiar de horizontes, tomar el timón de tu vida, aunque te equivoques es provechoso a la salud y a la inteligencia.

Equivocarse no es malo, lo malo es escoger bien la situación para cometer tal equivocación.

Y dejar que la ciencia camine por su camino, que dioses y demonios hagan sus juegos de guerra y nosotros a lo nuestro, a vivir a pesar de todos.

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