EL CANSINO.


Existen mil variables implicadas en la conformación del carácter humano; de sus combinaciones dependerá la personalidad de todos y cada uno de los fetos que medran en los vientres maternos y que se manifestará en toda su magnitud el aciago día en que se den en ellos los síntomas del adultismo.
He
llegado a esta conclusión tras varias semanas de estrecha observación a un espécimen-tipo de uno de los resultantes de dicha ecuación:
EL CANSINO:
Muchas son las cualidades que adornan a los individuos de esta condición, y creedme que tendréis que aprender a descubrirlas a tiempo, os va la paz de espíritu en ello.
Una de las señales inequívocas, sino la principal, es que piensa que estas interesado en todos sus pensamientos y movimientos, convirtiendo cualquier hecho anodino en un relato interminable.
Mientras que un ser humano normal, para tomar un vaso de agua, se levanta, va, lo llena y lo bebe; el cansino te describe el proceso y habitualmente en voz alta, el volumen de su voz es directamente proporcional al interés que suscita en ti lo que estés viendo, escuchando o leyendo.
El proceso viene a ser algo así.

El Cansino:

_Tengo sed, cuanta sed tengo, me muero de sed, que sed, estoy seco, tengo la boca seca, me muero por un trago de agua, me apetece beber algo, que sed.
Me voy a levantar a por agua, estoy agarrotado, me levanto, me pongo en pié, no se si podré levantarme, me levanto, aupa, ya, alehop, ya estoy de pié.

Voy a la cocina a por agua, busco el vaso, dónde esta
el vaso, no encuentro el vaso, ya lo encontré, ya cogí el vaso_.
Tu:
_Resoplas y te remueves en tu asiento, tu paciencia baja a la velocidad del cuenta-revoluciones de un deportivo al detenerse. Llevas una hora buscando el último error de los pasatiempos del diario, ese en el que has de encontrar las siete diferencias y te resulta imposible concentrarte por causa del soniquete con el que el cansino te está machacando_.
El Cansino:

_Lleno el vaso de agua, que fresquilla está el agua, da gusto como se llena el vaso de agua, ya está lleno el vaso de agua, mira el vaso lleno, es agua, para beber, agua fresquilla_.
Se acerca el vaso a la boca una vez.
_Qué sed tengo_.

Segunda vez, y tu echando humo por las orejas.
_Que fresquilla_.

Tu:

_¿Te quieres beber el agua de las narices de una jodida vez y cerrar el pico ya?_.
El Cansino: (profundamente ofendido).
_Eres un insoportable, no se te puede decir nada, te enfadas enseguida_.

Se sienta al lado tuyo bebiendo el agua con unos molestos y sonoros sorbos cortos; miras de reojo el vaso y constatas que ha cogido el vaso sidrero, el que robaste el fin de semana pasado, ese de medio litro de capacidad; calculas que la tortura se puede prolongar durante horas.
Estás a punto de estallar y de pronto ocurre, una leve ojeada a la página del periódico, a penas una mirada efímera y su dedo en cámara lenta cae sobre un punto concreto del pasatiempo que luchas por resolver.

El Cansino:

_Ahí está, el error_.
Tus juramentos hacen sonrojarse a un grupo de pescadores rusos que pasaban frente a tu ventana en ese momento; una monjita huye despavorida y el maldito cansino pone de nuevo esa cara de ofendido y responde.

El Cansino:

_Joder chico, solo quería ayudarte, anda y que te den morcilla_.

Lloras de felicidad, la alegría inunda cada rincón de tu casa cuando cierra la puerta tras de sí; por fin te libraste de el. por fin paz, por fin solo.

Te acomodas y pones tu serie favorita cuando suena el teléfono.

El Cansino:

_No te habrás enfadado ¿verdad?.

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