¿Y NUESTROS HIJOS QUE?.


En estos días cálidos ya de verano, uno a veces se ve sorprendido por ramalazos de nostalgia, por insolentes suspiros que manan de los momentos inolvidables, de las cosas que se vivían cuando se hacían las cosas pensando en las personas.
Hoy mientras daba mi paseo vespertino, al pasar por la abandonada plaza del pueblo, por ese espacio que cada día me parece más oscuro, desierto y gris; no puedo dejar de recordar cuando veníamos los chavales a ver aquellas películas viejas que ponían en el ciclo de cine al aire libre cada verano.
Donde la caterva de peligros públicos que éramos mis amiguetes y yo nos sentábamos hace 25 años, hoy encontramos los restos mortales de un botellón, exoesqueletos plásticos en cantidades industriales de combinados terribles y a su alrededor innumerables fines de fiesta rodeados por los cercos de los vómitos, un drama.
Es cierto que los expertos urbanistas aseguran que hemos avanzado mucho, que ahora somos más eficientes, más limpios, más cívicos; puerca mentira.
Ellos justifican sus posiciones en la vida con eso, pero la realidad es que en eso hemos transformado los mejores momentos de nuestros jóvenes, en vómitos.
Y la tristeza choca con su triunfalismo, donde ellos ven un “espacio para el disfrute” era donde se sentaban las chicas a torturarnos con sus miradas y a darnos esperanzas con sus sonrisas.
Hoy hay más botellas vacías, hoy hay vacío, una puerta horrible al olvido.
La vida, al igual que ellas, nos ha dado ilusiones para después arrebatárnoslas sin piedad.
Pero al menos con ellas, a veces, el diablo se ponía de nuestra parte; quién sabe si tras un verano, tras unas vacaciones venías cambiado y la perspectiva daba la vuelta; a veces pasaba, os lo juro.
Hoy la plaza es un portento del diseño, diseminada de impactantes estatuas moldeadas por las manos de preclaros artistas, trozos de hierro retorcidos que expresan las interioridades del autor de turno con tal estridencia que ahogan, asfixian los ecos de aquellas risas, los reflejos de aquellas miradas.
Son simples sustitutos de metal de aquellas caras elevadas hacia la lona que era la pantalla.
¿Recordáis?; El Zorro, Julio Verne, Flash Gordon… Películas que hoy quizá no verías ni a punta de pistola.
Quien sabe, quizá aquellas viejas cintas contribuyesen a formar el espíritu de aquellos jóvenes y niños, los mismos que hoy lo han relegado al olvido, los mismos que han plantado esa chatarra donde antes se plantaban personas, ellos.
Los mismos que hoy consideran aquello un gasto superfluo.
Recordad, ¿y nuestros hijos que?.

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Un comentario sobre “¿Y NUESTROS HIJOS QUE?.

  1. Hacíamos camino desde la "parte baja" del pueblo, cargando con esa vieja silla de enea, a la que enfrentabas en cruel batalla, a una de culo de eskai, de tu amigo. "Cantando Bajo La Lluvia", era la escusa perfecta,para hacer noche en la plaza. Aparcar tu asiento en un espacio gratis, rivalizando con las altivas plegables de madera, de pago. Donde nuestro único, desorden social, era el grito al "corte".Verano, cine, gratis y solía hacer calor.

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