SUFRIR LISBOA


Cuando hablamos de un Sistemaoperativo “Amigable” nos referimos a un programa informático mediante el cual un usuario con unos conocimientos mínimos y de modo intuitivo, puede acceder a las funciones más básicas de dicho sistema.

Digamos que es un “sistema para tontos”.
Pues si intentamos aplicar este concepto a la capital lusa, el término “amigable” es una quimera.
Bueno, hay que hacer especial mención a su excelente sistema de transporte público, pero a partir de ahí, la realidad de Lisboa es demoledora.
Es una ciudad muy, pero que muy poco amable, máxime si eres español, y es que por decirlo de un modo suave, no les caemos bien.
La ciudad es espectacular, bellísima, pero ahogada bajo las miles de toneladas de piedra que conforman su esqueleto, sus mastodónticas construcciones hechas a base de oro y especias traídas de las indias; cuando todo aquello se esfumó,
no hubo forma humana capaz de mantener aquel esplendor.

Dicen de Lisboa que es una capital decadente, y probablemente lo sea,
pero las mierdas de perro y las meadas de sus dueños sembradas por doquier en todas sus esquinas revelan que el problema a parte de su manida decadencia es el de una población que prefiere lamentarse y odiar al vecino que amar su ciudad y comportarse de forma civilizada.
Su adoquinado asesino, su tráfico inhumano y su señalización de pesadilla hacen de Lisboa una trampa mortal; direcciones prohibidas, sentidos únicos que te llevan a recorrer kilómetros y más kilómetros imposibilitando tomar dirección alguna y el hecho de que una plaza puede tener cuatro nombres diferentes según la esquina donde mires o peor aún, el hecho de que haya plazas, calles, avenidas, travesías y calzadas con el mismo nombre y comunicadas entre sí por un entramado impenetrable de direcciones obligatorias en dirección contraria a tu destino.

Al viajero que planee visitar este… lugar, un consejo, tiene que prever un presupuesto para multas y aparcamientos, si aparcas en la calle la policía encontrará motivos para llevarte el coche y cobrarte por su recuperación el doble que a un portugués. Por otro lado los parkings son caros, carísimos y es un dinero que puede tumbarte el presupuesto.
En resumen, esta es una ciudad que bien podría compararse en esplendor con cualquier gran capital europea y vapulearla, pero con el handicap de arrastrar un atraso en infraestructuras de más de 40 años, inconsciente de que es incapaz de generar la riqueza suficiente como para devolver el esplendor a sus calles y que debe abrirse, hacerse más amable, limpiar sus rincones, sus esquinas y la conciencia de sus habitantes.
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