PROBLEMA DE PESO.


Llevo dos días buscando el modo de hablar de este tema sin parecer un desalmado.

Y no lo he encontrado, así que he de confiar en el buen concepto que me he labrado entre mis amistades durante estos años.

El domingo pasado este que suscribe tomaba asiento en un autobús dispuesto a tragarse doce horas de viaje o medio día si queréis que parezca menos.
Normalmente soy un tipo reservado, de pocas palabras y bastante mal educado ya que mi capacidad de concentración me lleva a un estado de semi-inconsciencia que me impide muchas veces hacerme cumplida noción de cuanto me rodea.
Desafortunadamente esta vez mi capacidad de concentración no fue suficiente para evadirme de lo que se me venía, literalmente; insisto, literalmente encima.
Una jovencísima muchacha con unos 150 Kg en canal se sentó en la silla de al lado y en los dos tercios colindantes de la mía y no contenta con esto,
nada más sentarse se quedó dormida y el resto de su cuerpo que no estaba en contacto conmigo cayó sobre mi hombro, me refiero a su cabeza.
Ya no me pude contener, desperté a la joven enfadado,
le pedí que ocupase solo su asiento y que dejase de utilizarme como almohada.

La tipa me miró como si yo fuese un monstruo, el viejo truco de la mirada victimista, ese reproche que tan bien les suele salir.
Y después de querer contaros este episodio y recapacitarlo antes, me encuentro con que no es que careciese de razón, sino que simplemente estaba siendo un jodido condescendiente.
Esa comprensión, esa aceptación del problema ajeno sin decir ni pío aunque tengamos que rechinar los dientes no es bueno ni para ellos ni para nosotros.
Esa chica tiene un problema, cierto, pero no es el de su peso, ese es un problema que tiene solución que no está precisamente en nuestra socarrona condescendencia, eso está claro, decir aquello de “pobre chica, seguro que es algo de hormonas” no le va a ayudar en nada y ni mucho menos nos servirá para alcanzar el cielo.
Para arreglarlo ella solamente ha de aceptarlo como tal, dejarse de autocompadecerse, por muy rentable socialmente que sea en ocasiones, y ponerse en manos de un médico especializado; creedme he visto casos extremos que han terminado en milagro, si ellos y ellas pudieron, esta chica puede.

Y es que está feo decirlo, lo acepto, pero no es justo que se nos adjudique a los demás soportar que una persona se nos siente encima por haber cometido el imperdonable pecado de no padecer su misma patología, no tengo por qué soportar que nadie me usurpe mi asiento, mi carísimo e incómodo asiento; como tampoco tengo que soportar su cabeza sobre mi hombro.
Yo jamás me duermo encima de nadie, al menos sin su permiso ni ocupo su asiento, tampoco machaco a mi vecino de asiento con conversaciones molestas ni le pido un trago de agua de su botella porque yo esas cosas tampoco se las tolero a nadie.
A veces, una serie de verdades dolorosas son mejores que mil caricias compasivas y si esa chica es inteligente sabrá apreciar la diferencia; si no es así, es su problema no el mío.
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2 comentarios sobre “PROBLEMA DE PESO.

  1. A esas menos aún, las fibras sintéticas me dan alergia.Esas no existen, son muñecas de goma.Seguro que les pellizcas el trasero y suena PRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRTZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ y salen volando como un globo.

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