YOGA E ILUMINACIÓN.


Atentos al anuncio:

“Sentirse mejor es posible, conozca los beneficios de ésta práctica milenaria: Yoga.
Armonización del cuerpo y la mente; Tonificación muscular; Disminución del stress; Estiramiento y relajación.
Comienza en Septiembre.
Horario: miércoles, 16 hs.
Valor $ 100 mensual”.

Valor, que gran palabra, uno puede llegar a pensar que hay que ser imbécil para no salir corriendo con cien pavos en los dientes y un bragapañal de felpa en la bolsa al primer centro-yoga del mundo mundial.
Me ha encantado el anuncio de marras, y es que estas cosas, si os paráis a recapacitar un momento, son tan simples, tan etéreas y ofrecen tal cúmulo de bondades que acudir al primer yogódromo que encontremos a encontrarnos con nuestros espíritus se transforma en la meta de nuestras mundanas existencias.
También podemos pensar que manda narices la de cosas que nos produce la tenencia de cien dolares, y que buena esta chica gurú de yoga que va a cargar en sus espaldas con ese malísimo karma,
y ojito, no solo con el nuestro, sino con el de todos los seres humanos maltratados por la posesión de esa cantidad de dinero, un monumento se merece.
Y qué decir de las variantes; meditación, sexual, relajante, equilibrante, conectiva, elevante, sensitiva y un montón de variantes más; el número de variantes es sospechosamente equivalente al número de gurús.

Si nos paramos a observar sus peculiaridades y si lo pensamos bien, el yoga y sus posturas representan la absoluta simplicidad humana.
Y no me refiero a la simplicidad espiritual o bioquímica, no; me refiero a lo simple que hay que ser para tragarse que haciéndose un nudo en las piernas uno se aproxima más a si microcosmos interior. O que haciendo el pinopuente y agarrándose uno las narices pasando la mano por detrás de la entrepierna se puede poner en contacto con el cosmos infinito.
Es como mirar un jardín Zen, o sea, un barreño lleno de arena haciendo surquitos y esperar alcanzar la iluminación kármica, las respuestas a nuestros sinsabores existenciales y el secreto del sentido de la vida; flipante; a mi personalmente, con esas piedrecitas que le ponen en medio, a veces me parece el sitio de la caca de mi perro con un recuerdo de Toby en medio, pero como os digo, no estoy ducho en el asunto, soy un profano ignorante.
Mirad, debéis dejar de subestimaros, seguramente el yoga sea una actividad muy saludable y seguro que sus beneficios son reales; de eso no me cabe duda, una persona capaz de retorcerse de esa manera ha de tener una salud a prueba de toda duda y si lo hace echando un quiqui ya es mi ídolo,

a mi solo de pensarlo se me arruga el “ánimo”, será que mis chacras no vibran en sintonía con el sol.
Pero hasta ahí, nada más, la vida es muy sabia y se manifiesta de muchas maneras, todas tienen su explicacion; incluso la peor de sus expresiones tiene sentido y creedme no está en gurús, profetas ni posturas complicadas.
La explicación puede estar en un abrazo a tu madre, un beso a tu hija, una sonrisa a tu pareja, un día de trabajo seguido por otro día de ocio, una cerveza con los compañeros de trabajo…
En resumen, hay que vivir la vida como un regalo, no pasar de puntillas como si solo fuese un simple trámite.
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