CRUELES SUTILEZAS.


Esta es la historia de una planta de tabaco cualquiera; crece frondosa, aromática y verde.

Es una planta feliz que en su esplendor atrae la traicionera mirada de una mariposa.
El insecto se posa en el tallo más tierno de la planta delicadamente, es una imagen perfecta que esconde un drama, una traición asesina.
La mariposa está depositando sus huevos en la hoja más verde y hermosa de la planta que sin poder moverse no tiene otro remedio que esperar, esperar…
Con el dolor llegara la esperanza, la salvación.
Los huevos eclosionan y unas larvas hambrientas rompen la cáscara y no necesitan buscar empiezan a clavar sus mandíbulas en las hojas y a rasgar sus tejidos.
La saliba de las orugas se mezcla con las partículas aromáticas del tabaco y aquí es donde se cocina el milagro.

Esta mezcla resulta que se convierte en un potente reclamo para el superman de la planta del tabaco, para su ángel de la guarda que no es otro que un canijo con muy mala leche, voraz y letal para la oruga.
Se llama Geocoris, un bicho con los ojos saltones similar al chinche que acude encantado a la sutil llamada de socorro de su planta favorita, se comen a las larvas y huevos y así la planta sobrevive.
La naturaleza es perfecta en sus planteamientos, ofrece la ocasión justa para sobrevivir por los pelos y ese vivir en el segundo justo, en el milímetro cuadrado decisivo da a los habitantes del mundo de la naturaleza una especial sabiduría.
Si recapitulamos punto por punto observamos el intrincado proceso, la crueldad con que se miden los tempos, y lo inmediato de cada acto.
El hombre no ha tenido jamás una capacidad de sutileza comparable a este, y si lo tuvo en algún momento de la evolución, lo ha perdido rematadamente.
Hay que ver las cosas que nos perdemos por ser humanos, la de cosas increíbles que acontecen en la vida ante nuestras propias narices sin que tengamos conocimiento ninguno.
Se que estas cosas de la naturaleza pueden parecer anodinas, irrelevantes; y ciertamente lo son, no influyen ni para mal ni para bien en nuestro normal devenir.

No es que carezcan de importancia, es que nos traen sin cuidado, esa es la realidad.
Pero uno que es un sentimental se deja engatusar por estas cosas maravillosas que nos recuerdan lo realmente pequeños que somos.
Y ante esta ecuación uno se plantea una duda.
Si fueseis un grupo de extraterrestres amistosos que buscaseis la raza más evolucionada para establecer contacto, la mejor adaptada, la verdadera triunfadora de este mundo…
¿A quién elegiríais, al hombre, a la planta, a la oruga o al geocoris?.
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