OTRA REFORMA LABORAL.


Y los poderosos construyen para nosotros un mundo a medida, un mundo de miles de hombros famélicos sobre los que sostener el suyo.

Fue conmovedor ver como todos los partidos políticos dieron el OK a la nueva reforma laboral, ese documento redactado y elaborado en silencio, a traición; como siempre lo hacen todo, escondidos en recovecos, en esquinas; y murmurando entre dientes cuanto será esta vez, cuanto se quedarán de nuestro sudor.

Y allí arriba sobre nuestros hombros, hoy más escuálidos aún, ellos degustan un buen vino, fuman un buen puro y se benefician a las meretrices más jóvenes, dulces y caras, es lógico, pagamos nosotros religiosamente mientras nuestros puestos de trabajo valen menos.
Una vez más nos roban en nuestra cara el fruto de nuestro trabajo.
Sufrí una especie de shock anafiláctico, una reacción alérgica violenta a la desvergüenza más supina que he sufrido hasta hoy;
veía a la ministra de cual partió la feliz idea, la funcionaria que ha decidido que para salvar su mundo de chiringuito y pandereta los obreros deben cobrar menos y que merecen menos prestaciones a cambio de unos impuestos que crecen en procesión aritmética.
Esa mala madre que construye así para sus hijos opina que cobramos demasiado de las arcas del INEM cuando dejamos de darles parte de nuestro sueldo, o sea cuando vamos al paro, o mejor dicho cuando dejamos de ser rentables.

Ver a esa mujer diciendo “no me hacen ni puto caso” fue demoledor,
la prueba fehaciente de que la clase política española tenía intención de firmar esa ley y que les daba exactamente lo mismo quien o como la plantease.
Fuera como fuese nuestro empobrecimiento por ley era cosa hecha.
Y lo que me llena la boca de espuma es la vívida sensación de que nos merecemos esto, de que no somos capaces de echarnos al monte de una vez, de tirar de trabuco y salir de las esquinas a por lo nuestro.
Y es que ellos saben que somos imbéciles y pusilánimes, que nos dejamos engañar por la sombra de la adulación, por las sabias palabras del halagador que sabe que decirnos, como decírnoslo, cuando y donde.
Palabras que abren nuestra voluntad como una lata de sardinas con promesas falsas de cuando se hizo la luz no nos hicieron ni más grandes, ni más ricos, ni mucho menos mejores.
Y es que la vida nos lo ha contado a gritos durante siglos, ellos mienten, siempre mienten; de eso viven ¿o alguien puede pensar que si hubiesen incluido en sus campañas el slogan “Votadnos, abarataremos vuestros despidos y os cortaremos las prestaciones” habrían tenido algún voto?, bueno, seguramente sí, ya sabéis, cada día que amanece el número de tontos crece.
Pero de todo esto lo que más me hace hervir la sangre es que no tenemos opciones,
todos son iguales,

todos hacen lo mismo, nos roban el fruto de nuestro trabajo mientras sus ejércitos y sus policías nos ponen la pistola en la sien.
¿Dónde quedan aquellas sonrisas, aquellas buenas intenciones, aquellas ansias por cambiar el mundo?, puestos a cambiar algo, todas aquellas ilusiones las han cambiado por vil metal, por chalets, por coches de lujo.
Solo espero que cuando vuelvan a lamernos el culo pidiendo nuestro beneplácito para seguir robándonos la vida, recordemos que lo mejor es mandarles a cavar al monte; porque esos tiranos que hoy te compran la voluntad con halagos, mañana cambiaran su adulación por poder y te venderán con su traición.
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