AGÜITA FRESCA.


Si observamos esto de la crisis, las cosas que pasan en este mundo, sus causas y si además buscas un ejemplo que explique las razones que nos han traído a este desastre, lo tenemos en el agua embotellada.

Para empezar decir que las aguas embotelladas, salvo casos puntuales, no ofrecen ventajas significativas en cuanto a calidad con las que nos sirven las redes públicas de agua corriente.
Pero cuando compremos esas cómodas botellas, sería bueno recordar o recapacitar algún a cosa.
Lo primero es que esos manantiales son ocupados literalmente por empresas que para instalar sus factorías se pasan por el arco del triunfo los entornos naturales donde están enclavados, lugares a menudo recónditos y alejados de cualquier foco contaminante que no sea el de sus propios explotadores.
Además rompen el ciclo del agua limitando el caudal de los ríos deteniendo los surgideros de los que se alimentan estos, esto es un detalle importante, porque durante décadas hemos estado escuchando que el agua escasea porque dejamos correr la ducha un minuto más de lo estrictamente necesario, como si ellos supiesen taxativamente cuanto necesito ducharme o cuan sucio llego a mi casa cada día.
La realidad es otra,
el agua escasea porque hay empresas que han hecho de un bien natural que pertenece a toda la

humanidad como es el agua un negocio que mueve miles de millones de euros en cada país sobornando a gobiernos muy dispuestos a poner el trasero en pompa a módico precio.
Un negocio que precisa consumir 26 litros de agua para la elaboración de una sola botella de litro, si amigos habéis leído bien, para fabricar esa botellita de litro que tenéis refrescando en el frigorífico, ha sido necesario consumir y contaminar 26.
Esa botella además ha necesitado, ella sola, el consumo de combustibles fósiles en cuya combustión han enviado a la atmósfera elementos productores de efecto invernadero, sobre todo CO2 en unas cantidades que superan a la del agua del grifo en unas 600 veces, sí, habéis leído bien, no está equivocado, son 600.
Y como estas cosas lo mejor es darlas mascadas, para que os hagáis a la idea tomad este símil:
cada vez que bebemos una botella de agua embotellada ejercemos el mismo impacto medioambiental que conducir nuestro flamante coche durante un kilómetro, esto obviamente depende del modelo de coche,

pensemos en un utilitario medio.
Ahora cuando veáis una manada de pijos haciendo el tonto en un parque de energías alternativas, protestando por el tremendo impacto medioambiental que ejerce un molino de viento, les recordáis que las botellas de agua que les llevan sus “compis” contaminan mucho más que el viento y que el único impacto medioambiental allí es el de su estupidez y el de su falacia.
Mi consejo, comprad una de aquellas botellas tan chulas de vidrio, de las que duran un montón y rellenadla con agua del grifo, que es saludable, buena, está controlada y es infinitamente más barata.
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