Y VOLVER, VOLVER, VOLVER.


Ha sido un verano muy largo y caluroso, quizá esa apreciación se haya visto acentuada por las circunstancias.

Este año he tenido que quedarme todo el verano en casa, he visto como mis amistades de pronto un día se esfumaron quedándome absolutamente solo.
Hoy por fin las aguas vuelven a su cauce, camino raudo al bar del barrio, al local donde cada fin de semana damos el pistoletazo de salida al fin de semana.
He de reconocer que me siento un poco egoísta mientras camino apresurado, tenía ganas de que terminase este maldito mes de agosto y es que odio estar solo.
Llego el último, mis obligaciones laborales me tienen ocupado hasta tarde, pero ellos ya estarán entre risas y cervezas esperándome, ya es tradición que uno llegue siempre con una o dos rondas perdidas,
pero me da igual, lo único que quiero es gozar de su compañía, que mi vida retorne a esa cómoda monotonía que tan seguros nos hace sentir.

El bar está abierto, la música puesta, mis amigos dentro, pero aquí hay algo que no encaja, algo falla.
Están todos mirándome fijamente yo al verlos me quedo alucinado; donde deberían estar mis amigos me encuentro la representación de la última cena diseñada por Tomy Hilfiger, doce apóstoles morenísimos, con sus ropas veraniegas estupendas, enjoyados y engominados hasta las cejas.
Todos ellos armados con sus “Aifons” cargados con cienes y cienes de fotos tomadas durante sus vacaciones.
Han llegado a un acuerdo de no agresión, “tu no me machacas con tus fotos y yo no te machaco con las mías” un acuerdo perfecto entre ellos que me pone a mi en una situación delicada por varias razones.
Yo, como digo, no fui de vacaciones, a sí que no tengo fotos y no entro en el trato; soy perfectamente acosable, una víctima potencial.
Sus pintas de maniquí contrastan con el tono blancuzco de mi cara, todo el verano encerrada en la fábrica.

Mi teléfono solo tiene una foto de mi novia y otra de mi hija y ni siquiera es un “Aifon”.
Yo no he firmado tregua alguna con nadie.
La avalancha es terrible, 12 cheerleaders bronceados, escapados de “Melrose Place” se lanzan a mi cuello mientras abren los menús multimedia en sus aparatos celulares.
Por alguna extraña ley natural, el que no ha ido de vacaciones siempre termina ubicado en el centro geométrico de la mesa, al alcance de los relatos vacacionales del resto de comensales y de sus archivos de imágenes.
Yo… me quiero morir.
Doce entradas de hotel, doce aviones, doce habitaciones, doce playas, doce discotecas, etc…
El año que viene iré de vacaciones a tres o cuatro sitios, se van a enterar.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s