CARNE, CARNE, CARNE.


En nuestras vacaciones en Lisboa, además de monumentos, plazas, carreteras sin señalizar, caquitas de perro y lugares históricos, también visitamos locales singulares.

En uno de ellos, había bastante gente bailando, parejas besándose, chicas besándose, chicos besándose; todo el mundo besándose.
Volviendo al local en cuestión, la verdad es que la zona se las traía, digamos que aunque había hombres bebiendo por allí, la absoluta falta de testosterona hacía imposibles las peleas, no se si me explico.
Los motivos sexuales imperaban por todas partes; sobre todo carteles de películas eróticas y pornográficas de los años 70.
Uno no sabía si reír o suspirar recordando aquellos encuentros furtivos con el “Interviú” de papá.
Viendo aquellos cuerpos con sus carnes por aquí y por allí, aquellas mujeres de verdad, con pechos de verdad, con pubis de los de antes uno pensaba en qué parte del camino la mujer dejó

de ser femenina y se convirtió en una muñeca hinchable a pilas.
Vaginas operadas, traseros operados, pechos operados, labios operados, todo mentira, todo falso, dibujado a lápiz y cincelado a cuchilla;
es como excitarse con la cerdita de los teleñecos, ¿qué puede hacer hoy en día un tipo que sea alérgico a las fibras sintéticas?.
Incluso las imágenes, lo explícito de su mensaje aún rozando el mal gusto en ambos casos, queda patente en las fotos antiguas que aquellas mujeres eran personas normales que se habían quitado la ropa justo para ese momento, hicieron el trabajo y de nuevo se vistieron para continuar con sus vidas.
La marca de un biquini, la pose, todo; las de ahora parece que viven su sexualidad de modo tan obvio que a uno le da por pensar que andan frotándose por todos los salientes que encuentran.
Y ahí es donde la sexualidad pierde gancho, porque al anular el aspecto clandestino, con ello perdemos morbo, excitación, en

resumen, con todo esto, el asunto deja de ser divertido.
Estamos en la sociedad de la tecnología, somos inconformistas y donde antes veíamos dos cuerpos con los sexos unidos,
ahora queremos ver el primer plano de una penetración de
miembros rasurados, hidratados y reconstruidos.
Donde antes se unían dos bocas, ahora el público quiere dos lenguas haciendo el molinillo fuera de la boca, parecen dos vacas de esas que se meten la lengua en los agujeros de la nariz; izquierda, derecha, izquierda, derecha.
Yo personalmente, me quedo con aquella pornografía de antaño, incentivaba el polvete hogareño con algún que otro juego morbosete, no la de hoy que impulsa lanzarse a una piscina en la que tres maromos revientan a una china o en la que tres maromas miran como una cuarta hace lo que puede con una trompa inmensa ineréctil o morcillona.
Todo se pierde, que pena.
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