AL GRITO DE "¡JODEROS!".


Tenemos muchas razones para evadirnos de este mundo, de buscar los refugios cualesquiera que sean que nos ayuden a dejar de pensar en nuestras vidas aunque solo sea un instante.

Quizá incluso algo que nos lleve a imaginar que poseemos un mundo a parte del resto en el que realizamos cosas de valor incalculable, maravillosos artefactos que salvarán a la humanidad o que seremos capaces de crear una melodía que trascenderá los tiempos.
Es por eso que nos acercamos espectantes a mil objetos que suscitan nuestro interés, que alimentan rincones de nuestra mente que escapan a nuestro control, partes de nuestro cerebro que funcionan mediante estímulos directos, nunca por medio de órdenes concretas.

Entonces comprendemos que amamos nuestro refugio y en nuestro concepto de paraíso incrustamos la música, la filatelia, el cine, el deporte, la lectura.
Los primeros momentos son los mejores, cada logro es un mundo, cada lección es un paso al cielo y deseas que amanezca para volver a intentar mejorar, siempre se puede mejorar, siempre se puede conseguir un objeto más raro o se puede correr un segundo más deprisa.
Aquí es dónde la cosa pierde la gracia, cuando la consecución de tales metas se transforma en fin, cuando deja de ser un camino para llegar a más altos fines.
Nos obsesionamos y dedicamos cada vez más tiempo a nuestro refugio y menos a nuestra vida; lo peor es que nos sentimos bien haciéndolo, total era lo que buscábamos, escapar de la monotonía, de la rueda que tritura y nos devuelve doloridos a casa todos los días, de esa vida miserable llena de espacios vacíos, de incertidumbres,

de ilusiones que tardan demasiado en llegar.
Llegamos a aceptar calificativos hirientes, da lo mismo, cada día estamos más lejos de su alcance, cada vez nuestra coraza de metacrilato, de vinilo y acero se hace más compacta, más sólida y encontramos en ella la fuerza que nos hace invulnerables al desaliento, invencibles.
El hobby representa la meta que recompensa inmediatamente tu esfuerzo, representa que una vez derrotados, nos conformamos con minúsculas victorias imaginarias que nos den aliento para acostarnos con una sonrisa en la boca y cerrar los ojos al grito de “¡joderos!”.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s