LOS HOMBRES Y SUS JUGUETES.


Una de las cosas inexplicables de nuestros hogares es la existencia de un sinfín de objetos que nunca usamos.

Por ejemplo, esa ingente cantidad de “recuerdos de…” figuritas rememorativas de sitios en los que jamás has estado, que las tienes porque al resto del mundo le parece estupendo que te acuerdes de los sitios donde “ellos” han estado, sitios que ciertamente puedes pasar el resto de tu vida sin ver.
También está la vajilla buena, un montón de platos y trastos que jamás usarás, no porque estén pasados de moda o por lo viejos que son, sino por la grima que dan esos platos cuando los sacas del fondo del armario, con ese color amarillento, ese polvo acumulado de hace veinte años y esa mancha indescriptible que siempre aparece nadie sabe como y que parece un microcosmos habitado por seres inteligentes.
Pero esto no es nada comparado con la reina de mis estanterías, ninguna compra ha sido tan inútil como la joya que me encontré hoy en lo más más profundo de mis estanterías, allí mirándome desafiante.

Parecía que me retaba, “ábreme valiente”, “échale un par y mira dentro de mí” y es que hoy me encontré cara a cara con aquella enciclopedia de bricolage que compre con el pisito recién estrenado.
Qué horas me pasé con aquel primer volumen, el único que está usado de los diez que forman la colección, que buenos momentos.
Cada página que pasaba descubría otra cosa maravillosa y yo me decía orgulloso “esto lo he de hacer yo”, otra página y yo alucinaba “esto fijo que lo he de hacer”.
Y así pasaba mis ratos soñando con epatantes muebles, maravillosas estanterías de marquetería fina, elefantes de ocume y restilings de muebles viejos.
Cuando veía algún enser abandonado en la calle esperando al camión municipal de recogida yo pensaba “tontos, si tuviesen mi enciclopedia fijo que hacían algo estupendo con ese mueble”.
La realidad es que el mueble era una mierda que estaba hecho una pena y con el que yo no solo no habría movido ni un meñique, pero ese sentimiento de tipo poderoso capaz de convertir un montón de astillas carcomidas en la séptima maravilla del mundo era alucinante.
Y allí estaban los diez tomos llamándome, ¿que me depararían los otros nueve?, maravillas desconocidas nunca vistas por mi ni por ojo humano alguno.

Voy a abrir uno, seguro que este fin de semana tengo tiempo para hacer alguna chapucita, nunca es tarde, además, lo peor de todo no fue comprar una enciclopedia carísima y no tocarla jamás, lo peor fue la tonelada de herramientas que he comprado pensando en mi enciclopedia y que se están oxidando en la caja, porque llevan existencias paralelas a la de la enciclopedia.
A esto es a lo que se refieren las mujeres cuando miran al cielo y dicen “los hombres y sus juguetes”.
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Un comentario sobre “LOS HOMBRES Y SUS JUGUETES.

  1. José!Vamos, las mujeres también tenemos costumbre de guardar cosas que luego no habremos de utilizar…me has hecho reír tanto! es que yo también tengo un libro de bricolage, jeje… y siempre que lo encuentro entre mis cosas pienso "Si, voy hacer esto…" pero sólo lo usé de niña y todo me quedaba horrible…muy buena entrada, gracias por regalarnos al posibilidad de sonreír al leerte…

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