!ESCÚCHAME¡.


Me gustaría que se escuchasen las palabras, que no se interpreten, que dejemos de retorcer sus cuerpos buscando excusas en cada frase a frustraciones enquistadas y que al tratar desesperadamente de darles un lugar fuera de ese rincón enfermo de nuestra mente.

Una razón de ser que lo haga encajar en el todo del que formamos parte, un todo absolutamente fuera de contexto.
Hay que hacer el esfuerzo de sobreponernos a ese estado defensivo en el que vivimos encerrados, estado mucho más presente, más patente de lo que quizá podamos advertir.
Barreras de tristeza que crean murallas y fosos entre personas que realmente se necesitan.
¿Os dais cuenta?, ¿llegáis a daros cuenta del mal al que os sometéis?, cada acercamiento esconde una intención oculta, cada palabra es una ofensa encubierta o quizá un subterfugio con el que recabar

información privilegiada sobre tu vida.
Odio formar parte de esa tortura, por eso y solo por eso pido que simplemente oigan mi voz, que experimenten su inflexión, que reconozcan en mis palabras la persona que soy y que no inventen huecos escondidos en un adjetivo ni traiciones en un verbo.
Nunca las hubo, no me hacen falta. Como tampoco me hace falta buscarlos en los demás, eso me lo enseñó una mujer muy sabia.
Así tal como salen de mis labios es como me trascienden las emociones y deseo que las apliquen la primera acepción del diccionario, la más usual, la más sencilla.

No puedo comprender esa obsesión por interpretar las cosas, por “leer entre líneas”, ¿tan vacío nos resulta el discurso amigo que preferimos leer la parte blanca, el espacio no escrito?.
No se si sentirme dolido, enfadado o divertido, la cuestión es que me incomoda mirar a los ojos de una persona que me escucha y ver que vuelve la vista ligeramente “hacia dentro”, pienso que esta reorganizando mis palabras hasta que consigan adquirir el significado que a mi interlocutor le interesa, entonces pierdo el interés por la conversación y por el conversador y todas mis energías se concentran en desear que desaparezca de mi vida.
Empeñarse en buscar oscuras intenciones en los más delirantes dobles sentidos, todo por no querer asumir que las personas somos infinitamente más simples de lo que nos gusta admitir.
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