UN PASO ADELANTE.


Hola amigos, mi nombre es Ichthyostega y no soy ruso, tampoco griego, o si, vete tu a saber.
Pero os diré una cosa, estoy harto de que por ser un crosopterigio de nada tenga que soportar que venga todo bicho viviente a comerme.

Y es que lo peor no es que uno tenga la apariencia de una lagartija insignificante y fea, lo malo es que estos tiempos del maldito Devónico parece que han tenido a bien hacer de mi un desgraciado, ¿habéis visto el tamaño de los dientes que tienen todos esos bichos acuáticos menos el yo?, no es justo.
En el pasado Silúrico no pasaban estas cosas, entonces un montón de cangrejos enormes de todos los colores y formas invadían los mares y ríos por doquier, uno sabía que hacer, mantenerse lejos de los fondos, los piedros y poco más.
Pero ahora, en cualquier lado te ensartan, mastican, desgarran, tragan y defecan.
Pues no me da la gana, ¿sabéis lo que voy a hacer?, me marcho, me salgo del agua y si me ahogo me jorobo.
Primero sacaré la nariz a ver a qué huele, pues no huele mal, y el aire no moja; qué bien, tengo hongos en las axilas, en las cuatro axilas y me pican horrores; unos baños de sequedad me vendrán bien.
Ahora los ojos…

¡Qué bonito es todo!, se lo diré a la familia y nos instalamos en esta playita tan coqueta, lejos de los dientes de todos esos enormes lagartos nadadores, pero primero voy a explorar, así me quedaré con los mejores sitios.
Ya sabéis, un terrenito, una buena casa, buenas vistas… me voy a poner las botas a procrear, ole los crisopterigios listos.
Un montoncito por aquí, otro por allí y ya tengo la playita parcelada, como faltan cientos millones de años para la ley de playas, venderé las parcelas por un montón de plancton y camarones cada una, soy rico, rico, rico.
Años después la playa era un hervidero de vida, millones de anfibios habían establecido su residencia en aquella playa y nuestro amigo el pionero, que fue el primer anfibio que caminó fuera del agua y no es por nada, también fue el primer promotor y especulador de la historia.
Las anfibias hacían cola a la puerta de su mega parcela y le tiraban jirones de su piel mudada a la cara ofreciéndose a las mayores obscenidades, alguna desaprensiva llegó a insinuar que el potentado era el padre de sus renacuajos, cierto es que tenían sus mismos ojitos saltones y la misma lengua pegajosa, pero claro, cuatrocientos millones de años antes del examen de ADN cualquiera insistía con eso.
La Clase Amphibia se erigió como la gente guapa en el Devónico, hace unos 400 millones años eran la flor y nata de las charcas y alrededores.
De ellos hemos heredado nuestro rencor al mar, por eso lo contaminamos y por eso aniquilamos a todo bicho viviente bajo su superficie.
Pero todo hace pensar que sus descendientes estamos creando en el exterior aquellas condiciones que empujaron a aquel anfibio insignificante fuera del agua; quien sabe si no hay algún humano buscando el modo de volver al mar, a vérselas con cachalotes, con calamares gigantes y con tiburones hambrientos; siempre serán menos peligrosos que un hombre codicioso.

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