ANTES SE PILLA A UN MENTIROSO…


Una de las preguntas más recurrentes en la curiosidad humana es la de saber cuando alguien nos miente.
Queremos ser invulnerables al engaño, protegernos contra la mentira antes de que pueda socavar el corazón de nuestro mundo.
Tanto es así que una avalancha de psicólogos, sociólogos, y un millón de elementos cuyo apellido termina “ólogo” proclaman a los cuatro vientos que ellos y solo ellos han encontrado un sistema infalible para detectar troleros, a módico precio, claro está.
 
Entonces uno que es tonto y se lo cree todo, piensa en si será verdad eso de que si pones la lengua a un lado es que sí y si te rascas los pies es que no, si es posible entender los mensajes subliminales que envía el cuerpo de un tipo que te está estafando.
Los “ólogos” afirman uno de los indicios que más asíduamente traiciona al mentiroso es que se les aceleran el ritmo cardíaco y la respiración y esto provoca que se les enrojezca el rostro (los enamorados mienten);
El corazón a cien por hora aumenta la temperatura y empiezan a sudar, frecuentemente en la palma de las manos (los deportistas mienten) y se ponen temblorosos, en especial las manos y la mandíbula (los adolescentes puestos hasta las patas de pastillas también mienten).

Lo mejor para comprender esto es intentar extrapolarlo a un personaje público de sólidas convicciones éticas, un ser humano íntegro de intachable reputación; pero como son todos una desgracia genética y no hay, pues pondremos al señor ese que ganó unas elecciones, Zapatero, para ver como cuadra el asunto.
Los mentirosos no miran a los ojos, pues temen ser descubiertos, cuando te están metiendo una bola se quedan inusualmente quietos, estáticos y esconden las manos o las retuercen nerviosos.
Hasta el momento parece un retrato robot del presidente más inepto de la faz de la tierra desde que se inventaron los presidentes.

Pero vamos a seguir que el estudio no tiene desperdicio.
Dicen los mentirólogos que los troleros gesticulan poco, que temen algún movimiento delator pueda traicionarlos.
Tal es así que llevados por la obsesión de esconder sus mentiras, se tapan la cara con las manos y desarrollan movimientos parásitos, a modo de excusas para llevarse las manos a la cara, como rascarse el cachete, la nariz o la barbilla, sacarse mocos, legañas, boqueras o comerse las uñas.


Y de todos los indicios posibles, este es el Zapaindicio, el indicio Zapaterístico por excelencia:
Tardan más de lo normal en contestar, en su afán de ordenar sus pensamientos hacen muchas y largas pausas, la espontaneidad es obviamente inexistente.
Y es que hoy en día ver a Zapatero en una comparecencia, o entrevista es ver a un cordero en el matadero.
Claro que para saber esto no hacía falta tanta ciencia extraña, los políticos mienten, engañan, estafan y roban; nosotros lo sabemos y les seguimos votando.
En realidad no es culpa suya si somos una panda de borregos complacientes.
Yo, que soy listísimo, sin necesidad de abrir un solo ojo, sin mirar, se que me mienten cuando me hablan con vaguedades; cuando solo me cuentan versiones sesgadas de hechos sin alusiones concretas a los mismos.
Y para no fallar una máxima: Los políticos mienten SIEMPRE.

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