>EL AMERICANO.


>En mi humilde opinión, no de experto en cine, pero si de persona que quiere ir al cine a pasarlo lo mejor posible y que paga más de 8 euros por película, esta película representa un nuevo y dramático intento por recuperar la densidad del viejo cine negro.
Fracasan estrepitosamente.
La historia es patética, no ofrece nada original ni diferente a lo que ya ofreció Stallone en “Asesinos” por ejemplo y antes un millón de cintas.

Nada que destacar ni en la trama ni en la actuación; pero al menos Stallone tuvo la suerte de contar con un banderas inmenso en el papel de malo malísimo y Clooney representa un penoso monólogo rodeado de un elenco absolutamente desdibujado. 
En el film nos colocan a un bondadosísimo asesino, notable profesional del gatillo a la par que docto aficionado al bricolaje y a las mariposas(¿?) yanky que cae rendido por los encantos de una vida tranquila en un recóndito pueblo de Italia donde se refugia de las malvadas fuerzas europeas (suecas) que le buscan para enviarle derechito al cielo de los asesinos profesionales.
Se verá acosado y tras varios intentos de ser asesinado por los profesionales más incompetentes del planeta a los que va dando matarile sin contemplaciones, ya sea a pié o montado en vespa, decide que eso de matar malvados europeos por esos mundos de dios no es lo suyo.
Me sorprende el halo de gravedad cuasi monasterial que dan los yankies a los profesionales de la muerte en sus películas, de hecho tratan con más respeto a estos que a sus fuerzas de policía o a sus militares.
También se ve la admiración que sienten por la profesional meticulosidad de la que pretenden imbuir a elementos que simplemente viven de levantar seseras por esos caminos de dios.
Trabajos que los sicarios colombianos realizan sin tanta ceremonia y sin tanta historia con suecos y belgas.
 

La cuestión es que todo esto se traduce por tres partes toscamente entrelazadas en la película.
1) El actor callado cuando fabrica un fusil de francotirador con cuatro piezas de acero (si MA Barracus levantase la cabeza).

2) El actor sigue callado en los largos, larguísimos planos en los que pasea por la campiña italiana absorto en sus pensamientos (inventar el cine sonoro para esto…).
3) Diálogos en los que se intercambian dos, a lo sumo tres, frases muy del tipo gremio de asesinos a sueldo en los que se pretende dar a entender que existe un lenguaje no verbal entre los conversantes.
A fin de cuentas eso es lo que hay; diálogos que ya los quisiera aquel Bronson en “Chato el apache”; una acción muy, muy justita; y la nula inclusión de detalles que salven la trama.
Es aburrida, previsible y como digo lenta de morir.
Jamás pensé que podría decir esto, pero por primera vez, he de decir que esta película no puede competir con la prensa rosa ni con los programas concurso de la televisión.
La pongo en el cajón de mis truños cinematográficos, en el departamento de dinero derrochado.

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