>HOY ANTE LA FACHADA DEL ARRIAGA.


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Hoy ante nuestro querido  Teatro Arriaga bilbaíno, me pregunto si el mundo del arte es consciente de que se están dogmatizando como toda manifestación cultural cuando cambia su rumbo y toma el camino fácil, el camino de la adinerada clase pudiente que poco a poco se ha declarado como la única capaz de asistir regularmente a los espectáculos teatrales.
Los precios, los accesos e incluso la selección de público que se realiza para ciertas funciones e ciertas ocasiones y en ciertos locales denigra absolutamente el concepto primigenio del teatro, su fin elemental. 
Como una religión añeja, cada día más alejada de su primer fin se ha convertido en un  lujo al alcance de unos pocos a los que poco o nada les importa el gran componente de generosidad implícito en el drama, la razón de existir del acto de representar una “Epopeya” o un “Edipo” ante un público que debería enriquecerse, aprender de lo que está viendo.
Para los griegos, el teatro era uno de los principales medios de formación moral y cultural, un lugar dónde realizar la catártica purificación del alma; un aprendizaje vital a salvo de la dura experiencia, y un verdadero laboratorio político. 
Y aquel Estado en plena ebullición, en pleno proceso de evolución vio que era bueno para su pueblo, que conseguían personas más sanas, más sabias y se preocupó de que fuese accesible social y económicamente para toda su población.
Tristemente, hoy sabemos que los clásicos sembraron el conocimiento de “lo que debe ser” para que la sociedad que hoy en día sepamos que hay un modo de hacer las cosas de acuerdo al bien común, que es posible vivir en un mundo donde las personas que te cruzas se preocupan, de verdad, de que ese suelo que pisas sea cada día más tuyo, más de todos, mejor.
Pero hoy ante la fastuosa y prohibida fachada del Teatro Arriaga, me doy cuenta de que aquel teatro, como aquella civilización,  coinciden pasmosamente con “lo que no puede ser” para la civilización en la que hemos degenerado más de 2500 años después.
¿Evolución?, yo diría que una lastimosa regresión, una verdadera pena.
 
En la Grecia del siglo V adC. los ciudadanos acudían al teatro  a presenciar las representaciones de las tragedias en las que se revivían escenas de dolor, de sufrimiento, de victoria, de honor padecidas por aquellos héroes clásicos.
Así conociéndolas, debatiéndolas y cuestionando los actos que condujeron a tales héroes hasta llegar a vivir aquellas tragedias, se preparaban para hacer frente a tales situaciones, si un día se les presentaban.
En la era clásica griega, la democracia y el anfiteatro fueron consustanciales con la vida en la polis.
En la era actual, los polis custodian las puertas del teatro y llenan la democracia de tragedias.
Creo que se perdieron algún capítulo.

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