>APOSTAR MIL A UNO.


>Partiendo de la base de que creo firmemente que los asesinos donde deben estar es en un agujero mucho más profundo que el de sus víctimas y asimilando que la clase política se protege muy mucho de estos anhelos, tendré que conformarme con ver a esos locos genocidas, dictadores como Videla y sus secuaces purgar sus delitos pudriéndose en la cárcel.
La sentencia de “Cadena Perpetua” ha sido recibida con júbilo por víctimas, y por familiares de estas que han vivido directa o indirectamente las atenciones desinteresadas de ese monstruo y al grito de “asesinos, asesinos” estallaron cuando el juez concluyó la lectura del veredicto.
Pero tras leer y releer, tras meditar mucho esta noticia, ha ido tomando forma un pequeño punto de indignación, un encuentro violento con una realidad tan terrible como la del régimen del condenado.
Encontrarte con la certeza de que el régimen actual es tan inhumano como aquel, tan insensible como aquel y tan bestia como aquel.treinta mil desaparecidos, treinta mil almas asesinadas que no han sido satisfechas, treinta mil almas que se retuercen en sus tumbas y que no han sido escuchadas.
Porque amigos, lo bueno de esta noticia es que el asesino ha sido encarcelado; lo malo, es la verdad, la que no cuentan o la que no quieren que veamos.
El dictador no ha sido juzgado por los terribles destinos de treinta mil seres humanos asesinados o mejor dicho “desaparecidos” por el régimen.
 
Este desgraciado ha sido juzgado por la confección de un plan sistemático “para eliminar opositores” durante el régimen militar.
Matar políticos sí es un delito punible, sí sube a un dictador al estrado; en cambio matar personas anónimas, por el contrario, lo que hace es bajar al juez y al sistema a su misma altura. 
31 presos de la Unidad Penitenciaria San Martín de Córdoba, y por los secuestros y torturas de seis “infiltrados de organizaciones revolucionarias” son los objetos del proceso.
Porque hasta el momento las burlas por parte de la clase política al pueblo han sido sistemáticas y crueles a más no poder.
En 1985, Videla fue condenado a reclusión perpetua en el Juicio a las Juntas, en 1990 fue indultado por el entonces presidente, Carlos Menem.
En 1998 un juez consideró la apropiación indebida de menores como delito de lesa humanidad, condena: arresto domiciliario.

Fue en el 2006 cuando otro juez, quizá aquejado de un acceso de vergüenza, anuló el indulto y dos años después; sí, habéis leído bien; dos años después, revocó su prisión domiciliaria, y trasladó al asesino a la prisión militar de Campo de Mayo.
Aunque la batalla legal no concluyó definitivamente hasta el abril pasado, cuando la Corte Suprema declaró inconstitucional el indulto concedido por Menem.
Esto es lo que les ha dolido la muerte de treinta mil personas y lo que hemos vivido estos días el equivalente a cuando se toca a uno de los suyos, a un político.
Si hacéis números un político viene a valer algo más que mil seres humanos como cualquiera de nosotros.
Y a eso lo llaman democracia, y a eso lo llaman justicia.
Mi enhorabuena.

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