>SIGUE LLOVIENDO


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A veces me sorprendo a mi mismo con la mirada desconectada escuchando la lluvia caer.
Los ojos se me abren de par en par y solo distinguen borrosos contornos distorsionados.
Extraños juegos de luces creados por las caprichosas trayectorias del agua que arrancan destellos sorprendentes en su desaforado viaje hacia el suelo.

A cada segundo mis ojos se abren más y más y por alguna razón la lluvia arranca algo más que distorsiones sensitivas. 
Un profundo suspiro, una sensación de calma inamovible; ese estado de ánimo en el que la paz y una mente completamente en blanco hacen de este ser, un hombre feliz.
Viene a ser como un baile agarrado, a lo lento, despacio, sin estridencias.
 
A penas escucho la música, el ruido de las gotas al caer ocultan cualquier sonido.
Pero agarro su cintura y es como si de pronto su contacto cambiase.
Me encuentro con todas esas cosas que normalmente me pasan desapercibidas; de pronto noto su calor, la suavidad de su ropa, sus caderas moviéndose despacio al son de la música lenta.

Ese ritmo me cautiva, me invita a utilizar los sentidos despacio, con fruición, ahora con calma tengo ese tiempo de experimentar sensaciones que antes solamente intuía.
Siento su olor, su pelo en mi cara y también me deleito en ese hormigueo instalado en mi estómago.
 
Esa dulce tensión que antes percibí como nerviosismo, resulta ser goce, deleite en cada uno de mis poros por tener su cuerpo agarrado y pegado al mío
Por sentir ese abrazo correspondido con sus brazos en mi cuello.
Cuando la música se detiene somos como mariposas describiendo esos vuelos impredecibles, describiendo trayectorias errantes imposibles de hacer coincidir y que coinciden.
 
Seguimos bailando solos entre la multitud, sin música, al ritmo del calor, con la cadencia de dos cuerpos que se deslizan uno sobre el otro.
Es necesario volver a los tiempos largos, no necesitamos bailar tan deprisa.
 
Si la canción termina, entre los dos podemos construir la mejor melodía y seguir bailando.
También podemos parar, detenernos y no movernos; podemos mantener el abrazo eternamente, pero eso amigo mío, son palabras mayores, hacer eso tiene unas consecuencias y hay que tener lo que hay que tener para asumirlas.
 
Eso implica una mirada al fondo de sus ojos y preguntar ¿Cómo estás?
Escuchar con disposición absoluta su respuesta y soñar con que responde “bien”.
Si eso es así, no necesitaré soltarla, ni necesitaré bailar; lo más seguro es que la música haya vuelto y que no nos hayamos dado cuenta, es posible que la primera consecuencia sea un beso.
A penas un roce de labios y mis poros estallarán eléctricos.
 
Despacio, me relajo, me controlo y no permito que el suelo falle bajo mis pies.
Si me precipito perderé el placer de verme llegar al siguiente paso, el siguiente beso, el siguiente sinsabor.
Si me precipito perderé la suerte de sentir la desazón, el miedo a ser rechazado, de ser burlado; argumentos que se transforman en gozo con sentir su mano en mi nuca. 

Como os decía, es mejor disminuir el paso.
Sigue lloviendo.
Oigo música.

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