>EXTINCIÓN


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Las focas, ballenas, tortugas y demás fauna alarmados ante el alarmante descenso de la presencia de aquellos individuos humanos que les colocan cosas para ver que hacen.
Aquellas focas con minicámaras clavadas en su piel o aquellas tortugas con sensores de todo tipo atornillados a sus corazas, hoy en día son difíciles de ver, y esto tiene sus connotaciones sociales en un planeta animal en el que hace tan solo unas décadas se consideraba “Raza inferior” a toda especie que no suscitaba el interés necesario como para atraer la curiosidad de los humanos clavadores de cosas.
La comisión internacional de tiburones ballena, de acuerdo con la asociación de pingüinos emperador han realizado un estudio de campo cuyo resultado no deja de asombrar a propios y extraños.
Según este estudio, el número de humanos que les clavan antenas ha descendido en más de un cincuenta por ciento, el de humanos que les extraen pis, sangre y fluidos varios prácticamente ha desaparecido y los que arrancaban patas y alas ya no son más que un lejano recuerdo en las memorias de las especies más longevas.
Y esto no es lo más alarmante, porque desde finales del siglo pasado los espécimenes y las variedades faunísticas del ser humano no han hecho sino ir desapareciendo sin que a penas nadie se de cuenta.
Los cazadores de mariposas y pinchadores de bichos son objetos del recuerdo; los dibujantes de aves y mamíferos también y los invasores de nidos han quedado reducidos a áreas restringidas del planeta.
Se comenta en los fondos marinos que ahora aquellos humanos se dedican a cobrar comisiones de empresas energéticas para protestar contra otras empresas energéticas idénticas a las primeras que compiten entre sí por algo que llaman “pastel”.
También se comenta que ahora ya no se trasladan de un lugar a otro en barcos de vela ni globos aerostáticos, sino que ahora lo hacen en coches de lujo y pasajes de avión “prefferent class”.
Y la alarma no solo cunde entre la fauna, sino que entre la flora la situación ya es desesperada.
Ya no hay tipos rodando documentales mientras arrancan de cuajo plantas en peligro de extinción para su estudio; ni señores en pantalones cortos destrozando hormigueros y colmenas para mostrar al gran público lo que hay dentro.
Es una tristeza que un espécimen que ha evolucionado tanto en tan poco tiempo, de pronto desaparezca de nuestros ecosistemas sin dejar rastro.
El naturalista dejó paso al biólogo, este al zoólogo o botánico y así hasta cotas de especialización excelsas, para en unos pocos años extinguirse.
Ya no hay humanos intentando integrarse en manadas de gorilas, ni grandes extensiones de selva deforestadas para recoger muestras de especies nuevas.
Es por esto que miles de animales inéditos perecerán sin que nadie los conozca y aniquile como manda la pirámide existencial.
Un verdadero desastre ecológico.
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