>MIENTRAS QUEDEN PALOMAS


>Os voy a hablar de una paloma que vio a morir a toda su familia en la última temporada de la caza de la paloma con red.
Se que no es políticamente correcto hablar de caza, pero la verdad es que el símil es por perfecto estremecedor.
Una manada de palomas y palomos decide abandonar los abrasadores calores del sur y deciden tirar a latitudes más frescas; vuelan felices pues las peladas llanuras africanas invitan a añorar las verdes y frescas montañas del norte.
No saben que ajenos a ellas un grupo de depredadores, no de los que matan para comer, de los que matan por placer, por la sensación de poder; preparan la encerrona.
Son cazadores de red y ya las han visto venir, solo esperan el momento adecuado; un poco más cerca, un poco más cerca.
Entonces uno de los cazadores empieza a mover un palo con un trapo blanco atado en la punta.
Papá palomo ve el trapo y piensa “menos mal que decidimos tomar altura, allí acecha el maldito halcón”.
Y de pronto como una exhalación, un palomo guía aparece como surgido de la nada, hace un vuelo picado directo a una garganta del terreno buscando un lugar seguro lejos del alcance del halcón que por su forma de revolotear les ha detectado.
Papá palomo no comprende muy bien esa maniobra, pero confía en los guías, así que clava el pico y se lanza en una caída casi vertical precediendo a toda su familia que a su vez le siguen ciegos.
A escasos metros del suelo pierde de vista al palomo guía, que resultó ser una paleta lanzada desde una atalaya por un humano.
Cuando se da cuenta de que se ha equivocado, de que ha seguido a los asesinos y que ha llevado a su familia a una muerte cierta, intenta levantar el vuelo, recobrar el ascenso de nuevo en vertical.
Pero es imposible, han caído en la trampa, conducidos por la garganta cada vez más estrecha ven con impotencia la red que les espera al final.
A penas se salvan unos pocos del desastre; el resto es atrapado por los humanos y sus cuellos retorcidos sin piedad.
Los pocos que han logrado escapar escuchan el chasquido de sus hermanos al morir.
Uno puede pensar que la naturaleza ha sido cruel con las palomas, que las ha regalado una capacidad tremenda para recorrer volando unas distancias tremendas, pero que las ha hecho estúpidas, ciegas.
Si las palomas hablasen y pudiesen dar un sentido consejo a quienes lo quieran escuchar; dirían que no es bueno que los pueblos sigan a esos tipos que ansían ponerse los primeros en la fila, a esos tipos que de repente aparecen con la única intención de dirigir tu destino; pues acostumbran a ser falsos, trampas que siempre terminan  en drama.
Y qué razón tendrían las palomas, cuánto bien nos haría escuchar su historia.
La suya es la nuestra, sus errores son los nuestros y todo parece conducir al mismo fin, tanto al suyo como al nuestro.
Escuchemos su canto antes de que no queden palomas.

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