>ENCONTRAR MIS SOMBRAS.


>Me encontré en una sala sin entradas ni salidas, un recinto cerrado circular sin principio ni fin.
En todo su perímetro, a distancias equidistantes, unos nichos verticales tallados en la piedra y adornados por intrincadas filigranas cinceladas en el propio terreno.
Cada nicho estaba ocupado por el cuerpo momificado de un ser humano alado.
El paso del tiempo y la acción de aquella atmósfera viciada habían consumido el agua y las fibras de aquellos cuerpos formidables; pero al mismo tiempo ese destino quiso preservar el aspecto real de aquellos desdichados.
Desde sus cuencas vacías me observaban y me reconocían como al humano al que juraron cuidar, como al hombre al que debieron conducir debidamente en la vida y que abandonaron entre las brumas de unas vidas regaladas en aquel rincón oscuro de mi alma.
Pronto se dieron cuenta de su error, su desidia me hizo olvidar su presencia y su abandono me hizo abandonar su existencia.
Aquella hermosa sala circular, antes repleta de ventanas y tragaluces empezó a negar el paso a la luz.
Las saeteras más altas desaparecieron, después fueron los tragaluces y por fin las ventanas.
Un día las ahora momias, se dieron cuenta de cuan pequeña se hacían las puertas pero en su licenciosa existencia ya no había otra cosa que la burla cruel, la traición despiadada y así por fin entre amores y anhelos aquella primorosamente decorada sala circular se transformó en la peor de las cárceles. en el lugar más triste e impío del espíritu humano: el olvido.
Yo en el centro de mi olvido me preguntaba por la naturaleza de aquellas sonrisas desencajadas, por el significado de aquellos tendones contractos formando índices acusadores que señalan los cuerpos entre sí.
Quizá un reproche, una venganza, un lamento; quién sabe como vivieron aquellos seres alados sus últimos segundos.
Me pregunto si sufrieron cuando el polvo cubría gramo a gramo sus cuerpos inmóviles, si padecieron cuando la humedad y los hongos se cebaron en sus articulaciones, me pregunto si supieron al fin lo que es ser abandonado, olvidado.
Yo hoy me encuentro en este lugar y a penas un recuerdo fragmentado me hace intuir dónde estoy, qué parte de mi alma he desentrañado y qué consecuencias traerá en mi vida.
Pues aquí estoy en el centro donde convergen las miradas de las momias, en el lugar donde hace tanto tiempo me despedí de ellas, preguntando.
¿Con quién tengo que hablar para recuperar mi alma?.
No responden, pero creo ver una estrecha rendija de luz en la cicatriz cauterizada de una de las ventanas.
Si consigo abrirla, quién sabe.

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