>ARMESTO, ASSÍA Y GARBO; HISTORIA DE UNA VICTORIA.


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La realidad de la historia no es que la escriban los que ganan las guerras sino que es peor, se la inventan aquellos que agazapados en retaguardia, al amparo de las balas paradas por los pechos de los valientes cosen sus propias condecoraciones y prenden sus propias medallas en sus casacas impolutas para decir “aquí está vuestro adalid”.
Su meta, la de siempre, la de robar honor, la de entrar en la historia por la puerta de atrás, como sea.
Todo esto con la discreta connivencia de los verdaderos actores, que no necesitan reconocimiento, que no necesitan fama y que de ninguna manera necesitan imitar ese poder contra el que tanto han luchado.
Una de estas personas definitivas en la historia de la humanidad es Felipe Fernández Armesto.
Un personaje con una vida dedicada a luchar contra el monstruo nazi y entregado al socialismo, no al socialismo de hoy en día, al de antes, al de verdad.
Supo como todos los grandes hombres dejar que los hechos hablasen por él y que su nombre solo saliese de boca de sus amigos y aliados de más confianza.
Para esto utilizó un seudónimo, Augusto Assía y lo utilizó como coraza para un hombre que ha llevado una larga vida valiendo más por lo que calla que por lo que cuenta.
Vio al nazismo convertirse en la bestia que arrasó Polonia, Rusia y casi toda Europa y decidió tomar parte, la más dolorosa; la de olvidarse de su vida y de sus seres queridos; la del romántico deshonor en el combate pues el espía es el más abyecto peón del tablero, el traidor, el que vende y compra; ese era Assia.
Y ahí empieza precisamente otra historia paralela, la de un oscuro personaje del que solo se sabía un escueto nombre: Garbo.
Un agente doble español que logró engañar a los nazis sobre la localización del desembarco aliado, convenciendo al servicio secreto nazi de que ocurriría en las playas de Calais cuando en realidad tendrían lugar en Normandía.
El misterioso Garbo desapareció de la faz de la tierra representando un accidente en la selva de Mozambique en el que supuestamente perdió la vida.
Unos le atribuyen la personalidad de Juan Pujol, un agente británico infiltrado en el contraesopionaje nazi que al igual que Assía, también simuló su muerte en África.
La sucesión de casualidades coincidentes ha propiciado que durante muchos años se pensase que Garbo, Assía y Armesto eran en realidad la misma persona.
Y como en las mejores películas del siglo pasado quedan en la vida de este formidable ser humano episodios para el romanticismo.
Cuentan que Felipe Fernández Armesto, hijo del periodista gallego, recuerda que cuando era estudiante universitario en Inglaterra un anciano profesor cuidaba especialmente de él, un viejo maestro que resultó ser ni más ni menos que el cerebro del espionaje británico en la II Guerra Mundial.
Un viejo compañero de batallas que agradecía con su respeto y deferencia al hijo la contribución del padre a la victoria.
Y antes del fundido en negro, interiorizando la imagen de aquel hombre en sus últimos instantes de vida, me gustaría conocer alguno de los pensamientos del héroe desconocido que dejó sobre su escritorio un libro a medio leer.
Un libro que versaba sobre el espionaje británico en la II Guerra Mundial.

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