>LOS PRIMEROS DEL EDÉN


>Nada más ser creada, la humanidad se mostró especialmente inclinada a los comportamientos erráticos.
Y nos resultaría muy cómodo hacer una crítica despiadada hacia el mal que anida en nuestras almas y que dio con nuestros huesos en este mar de lágrimas que hoy es la vida.
Pero hay que entender los actos de la humanidad en su contexto.
Nos ponemos en aquellos dulces tiempos en los que un tipo se despierta solo y desnudo en un lugar llamado “El Jardín del Edén”, hoy muchos lo siguen haciendo, pero todo es diferente.
Este tipo se observa a sí mismo y ve que en su anatomía hay cosas que no terminan de encajar.
O bien no tiene acceso o carece de pericia para hacer los encajes que a bote pronto pudieran parecer viables.
En ocasiones falta flexibilidad y en ocasiones longitud, la humanidad se acaba de topar con el primer desastre de la creación o bien no hay realmente nada ni donde encajar apéndice alguno.
Tras infructuosos intentos el humano se da por vencido y cuando ya tenía el asunto dominado, una mañana se encuentra con que al intentar levantarse le duele un costado.
Alguien le ha robado un órgano para que otra persona viva, esto también ocurre hoy en día, y también es diferente.
La cuestión es que al mirar a su lado se da cuenta de que por fin hay algo que encaja en todo el asunto.
Y se aprestó al encajamiento.
Entonces el creador viendo que aquel hombre desnudo junto a aquella mujer también desnuda lo iban a pasar demasiado bien y se iban a olvidar de que en El Edén la única fuente de alegría era la gracia del Señor, se aprestó a solucionar la situación: creó el dolor de cabeza en todo su abanico de posibilidades:
Jaqueca, migraña, cefalea,etc.
Así, el bueno de Adán se percató de que había sido creado con un órgano retráctil, luego se le llamaría eréctil para que sonase menos animal, y a ella con un orificio perfecto para su uso, pero el gran jefe les prohibió usarlo.
Así se vio el primer hombre viendo pasar los días en aquel marco incomparable.
Los pajaritos cantan, la mujer desnuda, las flores llenan todo con su aroma, los pechos de la mujer al aire, los ríos cantarines, el olor de la piel de la mujer, las montañas, otra vez los pechos, los valles, más pechos, pechos, pechos y más pechos.
Adán estaba a punto del colapso emocional, buscaba desesperadamente algo que hacer, un entretenimiento en el que poder sumergirse y olvidar el cuerpo desnudo de su compañera y a la vez maldición.
No sabía qué hacer, no sabía, no…
Y le vino a la cabeza la solución, el árbol prohibido.
El señor les dio sexo y les prohibió usarlo, el señor les hizo ignorantes y les prohibió el saber, pero el hombre estaba harto y empezaba a pasarse la prohibición por dónde se empiezan los cestos y para colmo aquella maldita culebra tocándole la moral a la señora desnuda.
La cuestión es que contra todo pronóstico a ella también empezaba a tocarle las narices que cada vez que le parecía gracioso aquello que le colgaba al hombre a ella le doliese la cabeza.
De hecho ella dio el primer mordisco y desde entonces los hombres hemos pagado esa desventaja por los siglos de los siglos; pero al menos hemos podido usar correctamente todo lo que ese dios sádico nos dio.
para colmo, al ser expulsados de aquel jardín del Edén, se encontraron con que el mundo estaba lleno de tribus y de gente.
Todo aquello de los primeros humanos hechos a su imagen y semejanza era una patraña de dimensiones astronómicas y todo lo que vino detrás una barbaridad.

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