>DOMINGO DE PAZ


>Hoy que no tengo quejas sin formular ni indignaciones que proclamar, me voy a dar el gusto de disfrutar de mi vida.
Compartir con vosotros esas cosas que no importan, esas cosas que no se cuentan porque no tienen nada de especial.
No tiene nada de especial madrugar e ir al trabajo, acordarte de ella y de que hoy no has de llamarla a las ocho por si se duerme.
Yo se que no se duerme, la llame yo o no, pero tendréis que reconocer que como excusa es inmejorable.
Tampoco tiene nada de especial mirar el teléfono esperando que den las 11:00 para llamarla.
Y tampoco tiene nada de especial salir del tren a todo correr para llegar a casa para poder, a nuestra manera, disfrutar de nuestra mutua compañía.
Y es que a veces una sonrisa evita que olvides que lo mejor que te puede pasar en la vida es que no tengas nada nuevo que contar, constatar que contra todo pronóstico el mundo no se acaba.
Una mano sobre la tuya te recuerda que compartir con los amigos los tragos más amargos y guardarte los más dulces no es justo.
Y aquí me tenéis expresándolo, insistiendo en que el mundo es el mismo de ayer, el mismo de hace un mes y que no parece que vaya a cambiar en las próximas horas.
Lo cual me parece estupendo porque mi vida continúa y no va a ir a peor, al menos por el momento.
Al contrario, ella bromea, se burla de mi, sabe que me encanta ese juego y entre risas recuerdo a un joven retraído, con más miedo que ganas de vivir la vida y que fue ella y solo ella, la que ahora ríe conmigo la que me sacó se ese estado.
Pienso que cuando cierras la puerta, que blindas la misma con un cerrojo, es inevitable que con ella también fabriques la llave.
Ella es experta en encontrar llaves y abrir puertas.
Y así a base de risas y conversaciones, a fuerza de querer y compartir me encuentro con una situación inusitada en mi vida.
La de la absoluta certeza de que ella no será jamás fuente de mal alguno hacia mí.
No es el ángel que amenaza, no es el reproche ni la penitencia.
Ella es el demonio que desafía, que tienta, que me zarandea de un lado a otro de la luz y que me obliga a romper fronteras desconocidas, límites que una vez dejados atrás hacen de mi una mejor persona.
Y en ello estoy, contándoos que tengo una vida cotidiana, que soy un ser anodino, uno de esos tipos de mirada huidiza de los miles, millones que pueden atravesar tu espacio vital en cualquier momento del día sin que te des cuenta de su presencia.
Pero no quería que pasase este domingo de paz sin contarlo, porque quizá mañana ocurra algo, quizá mañana tengamos que vestirnos de guerra, quizá mañana se acabe el mundo y odio la idea de que el único recuerdo que quede de mi sea el del tipo combativo y demagogo que escribía aquellos artículos agrios.
Cuando queráis recordar, o mejor, reconocer a un hombre, mirad a su mujer, en esos ojos encontraréis todo lo que necesitáis saber.
Besos.

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