>MARRAMIAU


>Mira que me he preguntado veces sobre las razones que tuvo la naturaleza para crear semejante cantidad de variantes en la humanidad.
Razas, ideologías, credos, convicciones, rasgos, colores; millones de matices creados con el único fin de ser borrados.
Esa es la verdadera prueba de que estamos vivos; ser capaces de superar todo tipo de diferencia, todo tipo de traba y de ese modo poder, de dos seres totalmente diferentes, crear un tercero que los haga absolutamente iguales.
Nada que ver con ideologías buscadoras de razas superiores, de razas elegidas que, ¡oh casualidad!, siempre corresponden a la propia.
La vida cuan do es vivida con ganas, se descubre como transgresión pura y dura.
Y una de las civilizaciones que ha conseguido rebasar los límites de la realidad con más desparpajo y alevosía; incluso con ramalazos de sana majadería, es el milenario pueblo japonés.
Un mundo que vive a velocidades supersónicas, a penas tiene tiempo de tomar una vista panorámica del entorno que le rodea; y sin embargo es capaz de encontrar un segundo perfecto en el que divagar sobre los pensamientos de su gato.
¿No es increíble?.
Una de sus pequeñas locuras fue un artilugio que algún iluminado inventó hace unos años y que pretendía ser ni más ni menos que un traductor de gatos.
¿No queríais un reto? he aquí uno de los más grandes: conocer los pensamientos de tu mascota.
Imaginad la sorpresa del gato cuando hiciese algún comentario sobre el olor de su dueño o de la porquería que le ponen para comer; cuando vuestro dueño pusiese los brazos en jarras y tomase represalias.
Imaginad que sois un animal, siempre a expensas de vuestro amo; siempre sujetos a los cambios de dirección de su voluntad, de sus caprichos.
Coméis cuando él cree que debéis comer; os corta las uñas, os esteriliza, os vacuna, os encierra, os suelta, os abandona y vivís al calor de un hogar en el que no sois nada, poco más que un cojín o una figura de plástico del todo a cien.
Y de pronto, gracias a un loco japonés que nadie conoce, os encontráis con que podéis hacerle entender que sois seres vivos, que le estáis agradecidos o hartos; que le amáis o le odiáis.
De pronto sois “alguien” ¿por dónde empezar?.
Pues desde el principio, desde la voluntad y desde la curiosidad.
Acercando el aparatejo a tu mascota y accionarlo cuando ésta emite algún sonido, y así veréis que un maullido penetrante puede significar “¡Mis pelotas no están, te odio humano de mierda!”.
Entonces comprenderéis que si lo hubieseis hecho antes os habríais dado cuenta de que una mascota es un ser vivo que siente y padece; y que tener un gato en casa para que no salte, no arañe, no maulle y no corra detrás de los ovillos de lana es inhumano.
El dispositivo tiene en su memoria alrededor de doscientas expresiones de diversión, frustración, amenaza, tristeza, demanda y simple expresión gatuna.
Todas basadas en la interpretación del tono y la inflexión del maullido del animal e interpretar el significado implícito en él.
Utilizadlo, el gato os lo agradecerá y vosotros, de paso, seréis más humanos.

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