>SIN NOTICIAS DE LIBIA


>Llegaron los americanos y de pronto Gadafi pasó de estar acogotado contra las cuerdas a mostrarse como un aguerrido genocida dispuesto a aniquilar a su pueblo, dispuesto a sentarse en un trono rodeado de dunas vacías.

La consecuencia directa de la presencia norteamericana en un conflicto es un pueblo diezmado, la barbarie, la borrachera de sangre inocente y el atraco despiadado a los recursos naturales del país “democratizado”.
La segunda consecuencia de la presencia del, antes germano y hoy yanki, IV Reich es el silencio.
De pronto los programas de noticias no cuentan nada, de pronto Libia no interesa a nadie, ya no pasa nada en Trípoli.
Esa es la labor humanitaria del ultrademócrata ejército de los Estados Unidos, la de allanar el camino a la muerte, la de garantizar la impunidad a los mayores asesinos de la historia.
Y esto no es algo nuevo, desde el final de la segunda guerra mundial cuando mediante la “Operación Paperclip” Estados Unidos salvó y dio cobijo a los científicos nazis, incluidos los que cometieron todo tipo de atrocidades en los campos de concentración.

La utilidad pecuniaria y tecnológica de aquellos monstruos estaba por encima de la ley internacional, de la justicia y de la vergüenza; y en ese aspecto, si hay un Estado impermeable al sentimiento humano es precisamente el Norteamericano.
Después se lanzaron a gobernar sin rubor los países expoliados, al menos el tiempo necesario para culminar el latrocinio.
Pasando por la colocación en el poder del mismísimo Sadam Hussein, hasta llegar a armar, entrenar y adiestrar al ejército afgano y al enemigo público de la humanidad Osama Ben Laden.
Y esta es la prueba de la adjetivación negativa; me explico.
Si vas a comprar un coche de segunda mano a un concesionario que se llama “Pepe el Honrado” tienes todos los boletos para que te coloquen una tartana con el cuentakilómetros más trucado que la sonrisa de Rubalcaba.
Si vas a Estados Unidos buscando democracia, te encontrarás un país amigo de dictadores, mojigato y con la mirada sucia de un viejo verde y onanista.
Una nación ultraderechista que hace de la religión su bandera, una Meca occidental sin lugar a la alegría de ser humano.
Un país ahogado en sus miasmas irrespirables que se odia a sí mismo y que odia al resto del mundo.
Un país que llegó a las costas de Libia con la excusa de ayudar a los seres humanos que pedían libertad pero con las intenciones diametralmente opuestas.
Y ahora han decidido que en Libia no pasa nada, nuestros gobiernos se quitan las boqueras mientras se levantan del suelo y hacen de comparsa.
Los medios de comunicación callan como ratas, siguen la corriente y desinforman, hacen estado que es lo que les gusta.
Es clarificador ver que Gadafi solo lanza ataques dialécticos a los aliados europeos de la OTAN, aun no ha mencionado a la bestia americana, ¿por qué?.
¿Acaso Washington ha traicionado a sus aliados del Atlántico Norte haciendo tratos a escondidas con el tirano libio?
La realidad es que cada día sabemos menos.

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