>APTOCRACIA 4


>¿Cuantos años llevan los malos siendo malos y los buenos también?.

Hablemos de la esperanza, del futuro, hablemos de asegurar unos mínimos dignos para nuestros hijos.
¿Estamos dispuestos a asumir los sacrificios? ¿Estamos preparados para abandonar prejuicios, experiencias traumáticas y darnos una nueva oportunidad?

Un poco de introspección sincera y pronto los estereotipos caen hechos pedazos.
La democracia es el único camino, el estado del bienestar es la mejor forma de vida, el capitalismo exacervado es objetivamente mejor que el comunismo cerril.
Parece mentira lo poco que hemos necesitado durante estos dos últimos milenios de historia para construir nuestras vidas.
Apenas cuatro verdades a medias y una sucesión de sartas de mentiras han bastado
para hacernos creer que este mundo en el que vivimos es lo mejor que podemos dar de nosotros mismos.
Estamos descubriendo, no sin dolor, que las diferencias entre una dictadura y esta democracia son cada día menos y menores.
Los pilares de la mentira caen y en el suelo solo quedan trozos de mármol blanco, escombros de un sueño descerebrado que se desmoronan a causa del terremoto social que agita el mundo.
Y aquí estamos, en la encrucijada de este fin de ciclo, en el punto de inflexión en el que hemos de decidir si nos dejamos aniquilar por un sistema muerto o si por el contrario destruimos el sistema y con las costillas de sus esqueletos hacemos una nueva banda de música.
Empecemos con la base, con esas notas que nunca deben ser tocadas de diferente modo, esas líneas melódicas que han de estar lejos del alcance del capricho de directores de orquesta caprichosos y endiosados.

En nuestra vida serían todas las condiciones “sine qua non” la vida es imposible.
La riqueza, el agua, la energía, son algunas de esas cosas que deben permanecer inmutables e inamovibles; absolutamente fuera del alcance de corrientes, de facciones, de buitres y de ladrones.
La pregunta del millón es ¿Cómo?
Aquí está el primer ejercicio de ruptura con nuestro pasado, el que nos libera del legado del fascismo y nos pone a los hombres y al estamento militar a un nivel más alto.
Porque si hay un modo de mantener los componentes inherentes a la nación, los componentes vitales para la subsistencia de las personas fuera del alcance de la depredación de empresas, políticos y bancos, es precisamente mediante la participación militar.
Ya no hay lugar para estados a medias, para el “tu si, tu no”, ha llegado el turno del “todos a una”.
Dos estados paralelos, uno inamovible, un estado gestionado por personas preparadas por y para ese cometido.
Darle una nueva dimensión al ejército, transformarlo en una tropa eficiente capaz de gestionar el agua, de llevarlo donde hace falta, del modo correcto; del mismo modo que gestionen nuestro dinero,el del país, el que hoy nos roban los que odian esta idea que lo pone lejos de sus manos.
Eliminar los intermediarios, bancos privados, cajas de ahorros y demás filtros que no hacen más que agazaparse en el camino del dinero entre el estado y el pueblo lanzando dentelladas a nuestros bolsillos.
Un banco estatal un origen y un final, de mano a mano y la riqueza en la calle, en los bolsillos de los hombres y mujeres que con su devenir diario crean la riqueza y canalizan el progreso.

Y una vez asegurada y establecida esta gestión militar, llega el momento de la creación, de la empresa privada, la innovación.
Llega el momento de, paralelo al militar poner a trabajar un Estado de derecho, pero de verdad, un Estado de listas abiertas, de aptos, de idóneos sin paliativos.
Un gobierno demócrata al cual solo una carrera de méritos objetivos y no la pertenencia a un partido político sean garante de éxito.
Un gobierno cuyo ejercicio nazca de las universidades y de los cerebros que anidan en ellas, un gobierno capaz de asimilar y corregir los errores.
Tan simple como cambiar a políticos por maestros y estudiantes, tan simple como crear la universidad a la que las mentes más brillantes del mundo quieran acudir, tan simple como usar a las eminencias del país en cada campo sin observar más que su valía.
Con los fondos que dilapidamos en políticos, la viabilidad está fuera de toda discusión.
Este es el fundamento básico de APTOCRACIA.
Eliminar lo fallido, lo indeseable, lo obsoleto y mirar hacia el futuro.
Pero no sin antes asegurar que lo básico permanecerá siempre ahí para todos nosotros.
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