>VÍCTIMAS DEL EFECTO PLACEBO


>Si hay algo que puede enorgullecer a la democracia española, es su sanidad.
Estamos de acuerdo con el hecho innegable de que puede ser mejor, que las listas de espera son interminables y que el trato que algún indeseable a sus pacientes es de juzgado de guardia.
Todo esto es cierto, pero también lo es que, al menos, tenemos la posibilidad de ser tratados todos, ricos y pobres contra la eventual enfermedad.
Todo apunta a que los grupos de aseguradoras están sobornando y presionando a los partidos políticos para que el último reducto de humanidad que queda vivo en la ley española, reciba su estocada mortal.
Ya han iniciado el asedio y en pocos años, quizá meses, lanzarán el primer bocado a nuestra seguridad social, desde ese momento el fin será irremediable.
Son muchos los millones sobre la mesa y total, la salud que se compra y se vende es la nuestra, no la suya ni la de sus orondas familias.
La concentración de fuerzas en torno a nuestra salud es tan brutal que me extraña que haya aguantado hasta estos días.
Por un lado está el elevado costo del sistema sanitario; cada día hay más funcionarios, es un mal endémico en nuestro país, y tanto los nuevos como los anteriores quieren cobrar lo máximo cediendo lo mínimo.
En un escenario en el que cada día hay más bolsillos que llenar, pero menos fuentes de riqueza, el dinero no puede salir de otro lugar más que del empobrecimiento del servicio prestado.
Aquí es donde empieza la gran estafa sanitaria, la argucia maestra que nos llevará a financiar los centros con nuestros impuestos, pero si derecho a ser atendido si no hay dinero contante y sonante sobre el mostrador de la consulta.
La primera estrategia es la de fomentar el medicamento genérico sobre el de marca.
Ellos saben que es absolutamente ineficaz por una sencilla razón.
Saben que aunque ambas substancias sean idénticas, paradójicamente no curan igual, no son igualmente efectivas.
Y es que el componente placebo del medicamento es a la postre decisivo, por mucho que esta idea incomode a la todopoderosa estirpe galena.
Somos así, el solo hecho de que un medicamento cueste más caro lo interpretamos como que es mejor, entonces goza de más confianza, creemos más en él y gracias a esto se desata en nosotros antes y más intensamente la descarga de endorfinas y anticuerpos capaces de hacer remitir el mal que nos aqueja.
Recordadlo cuando estéis en una consulta médica, ese tipo que tenéis delante lo sabe, sabe también que os está prescribiendo una sustancia que en sí misma no hace absolutamente nada si el paciente no cree en ella.
No cura el medicamento, cura su precio, triste pero cierto.
Esta irracionalidad de la salud humana choca contra todo plan de austeridad, pero aun hay una solución.
En vez de medicar, podemos ofertar a los pacientes de medios y herramientas para estimular a sus propios cuerpos para que segreguen las medicinas que necesitan y dejar de una vez por todas atrás la imagen del médico endiosado.
Y lo que es peor, ¿qué político se planta delante de una multinacional químico-farmacéutica y le dice que van a reconducir sus políticas reduciendo drásticamente la aplicación de fármacos a los pacientes?.
Respuesta: Ninguna.
Somos víctimas de nuestra mecánica mental, perjudicados por nuestro suicida modo de entender lo bueno y lo malo, de confundir precio con valor, de solapar el concepto de lo necesario bajo el de lo rentable.
Simplemete somos el resultado del efecto placebo.

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