>PRINCIPIO DE RESPONSABILIDAD


>Cabe pensar que los pueblos, las personas que alimentan las naciones forman un ente, un superser cuya principal característica es la bondad.
Solo así podemos explicar lo mucho que le ha costado a esta sociedad llegar a sospechar de la maldad de los gobiernos.
Generaciones enteras anuladas, engañadas, masacradas, perdidas para siempre como si nisiquiera hubiesen existido; y sin embargo, la humanidad siempre ha encontrado acomodo en toda situación, siempre ha encontrado el modo de sacar lo mejor posible de sus entrañas.
Ya sea por propia convicción, por adulación, por cobardía, pero esa es la realidad, siempre encontramos nuestro espacio feliz dentro de la desgracia.
Es cierto que nadie tiene las mismas opciones para ser bueno que los demás, la bondad se mueve en los difusos márgenes porcentuales, no se siente cómoda sumergida en la frialdad de la matemática absoluta.
Esto viene a significar que para una persona acomodada ayudar a un semejante con una fuerte inversión de medios puede suponer una cantidad infinitesimal de su presupuesto para ese día, mientras que para otra puede representar el veinte, el treinta e incluso en ocasiones el cien por cien de su disponible aunque su disponibilidad sea de una cuantía sustancialmente inferior.
En contraposición a la dificultad de manifestación que ofrece el bien, tenemos la simplicidad con la que el mal posibilita su materialización y es que no hay un solo ser humano capaz de reconocer la maldad que anida en su alma hasta que no ha tratado de combatirla, hasta que no se ha formulado la firme intención de esforzarse por ser bueno.
La mentira, el mal saldrá de su boca y triunfará, porque mientras que el bien supone esfuerzo, el mal solo necesita de la pereza de los buenos, con semejante ventaja es normal que los malvados crean que todo les saldrá bien.
Tratar a un malhechor como si nada, exactamente del mismo modo que tratas a una persona justa; no castigar el mal ocasionado, es premiar y ordenar que se haga.
Por eso las revoluciones no han de terminar en un “quítate tu para ponerme yo”; ha de haber consecuencias para aquellos cuyos comportamientos antisociales contra las personas promovieron el levantamiento, para aquellos que llevaron a sus pueblos al odio, a aquellos que los echaron a los brazos del mal.
Porque el mal es algo rematadamente humano vive y convive con nosotros y es más que posible que de tanto luchar contra los monstruos nos volvamos monstruos nosotros también.
Porque la clase política es mejor cuando vive con miedo.
Porque no podemos volver a caer en lo que nos está tocando sufrir.
Por esto hemos de crear ejemplo en los culpables, es necesario, imprescindible enviar un mensaje inconfundible, sin interpretación capciosa posible.
Los que traicionan, los que roban han de pagar las consecuencias de sus actos tantas veces como ciudadanos estafen.
Hemos de establecer el principio de responsabilidad, asegurar para el futuro que en la política, por fin, todo sea un camino de doble sentido.
Tal que si un partido toma más poder según su número de votantes aumenta; también lo hagan sus responsabilidades legales en caso de corrupción, sus castigos en casos de latrocinio o abuso.
Más poder, más responsabilidad, más abuso, más pena.
Simple como la vida misma.

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