EL GENIO


>Uno en la vida se va adelantando a los acontecimientos, parece mentira nuestro subconsciente las tretas que nos pone para estar preparado el día que sea necesario.
Yo hoy, ya estoy listo para enfrentarme a una situación con la que todos soñamos y en la que todos fracasamos.
“El día que se me aparezca el genio de la lámpara y me ofrezca tres deseos”.
El primero será descubrir el método del cual la naturaleza se sirve para determinar a un bebé recién nacido como un futuro genio y después usar ese conocimiento sobre mí.
El segundo será un clásico: volver a los veinte años pero sabiendo todo lo que se ahora mismo.
El tercero es otro clásico y no es otro que me conceda diez deseos más.
Bromas aparte, la experiencia es oro, y su efecto en nosotros el misterio mejor guardado de la vida.
Con unas diferencias a veces inapreciables entre individuos; unas manos normales, de pronto, son capaces de arrancar notas imposibles de una guitarra; unos dedos gordezuelos convierten un bloque de roca en delicias capaces de transcender milenios en lo más alto del paraíso del arte, unos ojos cerrados crean un mundo infinito de colores y olores, una eternidad de vida y muerte que sobrecogen.
Y la humanidad ha vivido persiguiendo esas virtudes, discernir como esas energías se cruzan y atraviesan un alma cuya única virtud es la de haber estado en el lugar indicado en el momento indicado, para recibir el don de la música, de la literatura, del arte.
Con la humilde intención de entender mi sino, que solo tuvo la bondad de regalarme una porción diminuta de genio, miro al ser fabuloso escapado de la lámpara y me pregunto la razón de que se manifieste ante mí.
A mi no me ocurren estas cosas, seguro que hay gato encerrado.
Yo que siempre he estado furioso con el destino, que siempre me he consolado con la peor de las razones; yo que solo conseguía mitigar la rabia de no tener zapatos mirando a un hombre que no tenía píes, encontré una razón para la emoción.
Le pedí ese genio pues no me conformaba con el oro, con la salud o con el sexo; tampoco el amor era suficiente para calmar el acceso de de voraz ansia que me devoraba por dentro.
Fue cuando di con la petición correcta, genio, lo que yo quería era genio.
La clase de ser elegante y saber pensar en silencio, la humildad de demostrar tu valía sin hacer sentir temor al oponente, la capacidad de hacer de cada idea un éxito y el poderío físico para hacer gritar a mi mujer de puro placer.
Y me lo concedió, hoy soy un tipo normal con un trabajo estable y en ocasiones gratificante; una pareja que me supera con amplitud en todos los sentidos y un par de amigos a los que les gusta leer las escasas letras que para su desgracia les dedico a diario.
Gracias al genio de la lámpara, aprendí que el genio, mi genio está en las palabras; esos diminutos engendros a los que solo la mirada del alma convierte en mentiras o en arte.
Como os decía, yo ya se que pedir cuando me llegue el momento, ¿y vosotros?

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