SIN PULSO


>José Luis Mera Córdoba

(Josetxo Mera)
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“Tres clérigos”.
Página 7

_Shalom viejo, veo que te diviertes. ¿Lo pasas bien?. Quizá seas tan amable de compartir el motivo de tu sonrisa con estos humildes soldados_.
El detenido no oye, pero se está quedando frío, un mareo ligero y persistente le esta arrancando la consciencia con una suave oscilación, como mecido en un agua mansa. Es irresistible, simplemente se deja llevar.
Y vuelve la locura, la colonización bestial de su cuerpo a base de suela en la cara, su mente incapaz de procesar más dolor se desconecta del cuerpo les deja hacer generoso lo que quieran con su materia, su revancha no sería de este mundo.
Y sabía bien lo que sus pensamientos significaban, demasiado bien.
No sufre, casi ni se entera; borracho de endorfinas y adrenalina, la sangre hierve en su cerebro el precio que los judíos habrán de pagar le arranca sonrisas deformadas, muecas burlonas que enervan el instinto homicida del halcón hebreo.
Ese estado de inhibición, al igual que el de aguantar la respiración debajo del agua, no es posible prorrogarlo indefinidamente. Ese es uno de los sueños impresos en el ADN del hombre, pero es un poder reservado a dioses, ángeles o a entidades aún mayores.
El estallido de sufrimiento amenaza con freir sus nervios con un cortocircuito; se retuerce y tose, esputa la sangre que inunda sus fosas respiratorias y el aire vuelve a sus pulmones. Todo es dolor, todo es un grito inhumano, todo es rojo.
Y todo para; el hombre arrodillado afirma con un nervioso asentimiento de la cabeza, tiembla de miedo al mirar el rostro de los que le postran, de los que se burlan de su miseria.
Disfrutaban con el dolor que le estan causando, el reguero de sangre que cae de su nariz rota les parece lo más gracioso del mundo.
 _ ¿Dónde ibas tan deprisa viejo?_.
La respuesta equivocada traería una nueva entrega de caricias y quizá esta vez la cosa llegaría más allá del umbral de su resistencia. El anciano sabe lo que ocurrirá si no habla y se dispone a abrirse como un libro abierto.
_Solo iba a informar de unos desperfectos en la mezquita de Al-Aqsa. Los últimos sucesos han provocado unos derrumbamientos peligrosos en la estructura principal y corría a informar al gobierno civil al respecto_.
Se derrumba como un mensajero fiel, como si hubiese entregado la más onerosa de las cargas a su destino y el alivio relajase todos los sinsabores que le embargaron durante el más peligroso periplo.
Los militares se miran entre sí, sonríen con complicidad, se estaban divirtiendo de lo lindo. El hecho es que lo que dice el palestino tiene sentido, además el estado de pánico del árabe es tal, es tan patente que no cabe duda que lo último que desea aquel hombre es permanecer en comisaría un segundo más de lo imprescindible.
El anciano solo ha de seguir el hilo de la mirada de los halcones, solo ha de ver el objeto que provoca sonrisas en ellos. Se encomiendo al levísimo titubeo en ellos al confesar, en cierto modo, las razones de su premura. Pone toda su voluntad en tratar de eludir los siguientes minutos, sabe lo que le va a ocurrir y llora desconsolado, presa de un ataque nervioso.
_Si no me creen les acompañaré ahora mismo al lugar y estarán de acuerdo en la necesidad de informar de inmediato a las autoridades. Por lo que más quieran digo la verdad no será necesario el cubo, por favor el cubo no_.

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