OPTIMO PARETIANO


Wilfredo Pareto fue un tipo de lo más importante para el pensamiento político mundial, tanto que en primaria y secundaria se las han visto canutas para ocultar sus postulados.
Lo han conseguido, sí, pero la maldita justicia óptimo paretiana parece estar grabada en la mente de los estúpidos ciudadanos a fuego y no hay modo, discurso ni antidisturbios dando mamporros que se la saque de la sesera.
Pareto realizó importantes estudios, precisamente allí donde al poder no le interesa ni pizca que aparezca un maldito teórico o filósofo a tocar las narices levantando liebres ideológicas que mejor están dormidas en su madriguera.
Qué peor lugar que enraizando en los blandos cerebros de la plebe creando a su vez corrientes de pensamiento delicadas para el sistema.
Amigos, la distribución de la riqueza no se estudia, no se mira, no se toca; y menos aún cuando el objeto de tal análisis es algo tan sensible a sus intereses como el campo de las elecciones individuales.
El bueno de Wilfredo tuvo una cosa en común con Nietsze; los fascistas trataron de apropiarse de sus postulados, trataron de politizar su pensamiento, manipularlo y adecuarlo a sus dogmas.
Solo la férrea resistencia de un demócrata radical y su abierto desprecio hacia la sociología pudieron evitar que su filosofía sirviese al proyecto de Mussolini.
Así, el bueno de Wilfredo ideó una ecuación a la que el sabio dominio público acertó a llamar “Índice de Pareto” y, a día de hoy, es la medida más exacta para medir las cotas de la desigualdad de la distribución de la riqueza.
Según Pareto hay dos hombres tipo:
El “zorro” no precisamente por robar al rico y dárselo al pobre, no; este es calculador, materialista y manipulador.
El “león”, idealistas, belicosos y tendentes al abuso de la fuerza.
Si un sistema es capaz de establecer un sólido equilibrio entre zorros y leones evitando que la excesiva proliferación de unos haga peligrar el estatus de los otros, entonces ese sistema es capaz de crear la “Elite”.
El sistema de élite es despiadado y ahí precisamente radica su fuerza.
La elite de zorros y leones está compuesta por los mejores elementos de la sociedad, no es hereditaria y exige una búsqueda de la excelencia, una lucha diaria por la cima que conlleva una circulación de élites.
Cuando desoyendo los preceptos teóricos que rezan que el científico nunca debe de ser político, una élite funcional, los más aptos, acceden a la élite del poder, se da la situación óptima, la mejor de las opciones.
Pero hoy este no es el caso, no es necesario dar nombres, pero la situación actual es la que es porque sufrimos políticos de perfil bajo, cobardes, corruptos, ineptos, inhábiles, incultos que gobiernan por influencias, afinidades o filiaciones.
Y precisamente se refería Wilfredo Pareto al asegurar que “cuando se vuelve excesivo el número de aquellos que gobiernan sin pertenecer a la élite funcional, surgen la decadencia y el colapso”.
Y añade “Cuando una élite es decadente, se debe exterminar; la élite debe ser de calidad y circulante”.
Hasta aquí la teoría suena fantástica, pero ahora toca convencer a la élite del poder para que se vayan en paz; que cojan a sus perros y sicarios y se larguen con viento fresco para dejar a “los que saben” reparar el desaguisado.
Gobierno y oposición extreman sus posturas, se cierran como un puño para enfrentarse a las nuevas corrientes que surgen de la masa.
Y es que si la clase política de ahora se hiciese eco de la teoría del concepto de eficiencia de Pareto u óptimo paretiano propiciaría que se beneficiar al máximo al mayor número posible de individuos sin perjudicar a otros.
Buscaría una mejora para todos los miembros de la sociedad, o, en el peor de los casos, una mejora para algunos, sin que los demás resulten perjudicados.
Pero para alcanzar este nivel de sociedad, hay que trabajar duro, prepararse, ser honesto y valiente; y tristemente, nuestra clase política de todo eso, ni pizca.
Pero una cosa me ha sobrecogido leyendo al bueno de Wilfredo, su preclaro análisis de lo que iba a pasar, el acertado e incisivo diagnóstico que hizo de la sociedad, para él venidera y para nosotros HOY.
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