GUERRA BINARIA


Este era un grupo de activistas antisistema cibernéticos enfrentados al sistema político mundial.
Una vez tras otra, en un país tras otro, la ley trató de borrarlos del mapa, y batacazo a batacazo los gobiernos aprendieron que poco o nada podían hacer contra un ente que les superaba en ingenio, en preparación, en implicación, en eficacia y sobre todo en razón.
Pero no lo hicieron sin presentar batalla, sin luchar con todo lo que tenían a mano.
Exacerbaron la represión a límites desconocidos hasta entonces, la indefensión de la ciudadanía ante sus abusos era cada día más sangrante y la desesperación empezó a cambiar el punto de vista de los hombres.
Mientras, los mercados seguían haciendo la guerra que a ellos les interesaba, era la guerra del abuso, la aniquilación masiva de las clases media y baja, el exterminio y ganadificación de la gran masa de la población mundial reducida a mano de obra barata, máquinas de carne sin voluntad sujetas al dedo señalador del poder verdadero.
Entre este maremagnum, los activistas cibernéticos observaron que el punto fuerte del enemigo, la pinza con la que aprisionaban a los seres humanos a los que tanto odiaban era una especie de esclavitud encubierta mediante las hipotecas impagables a las que la población ebria de dinero se había autocondenado.
Todos y cada uno debía cargar su parte de culpa, pero si los peores demonios conocían sus límites en el purgatorio los seres humanos investidos de materias más vulgares no poseían tal sabiduría.
Las fuerzas se equilibraron, uno al otro se encontraban fisuras de seguridad y la infoguerra amenazaba con eternizarse sumiendo al pueblo a una suerte de limbo inamovible tan nefasto como el que dejaron atrás.
Y he aquí que encontraron el golpe de gracia al opresor, siempre lo tuvieron delante de sus narices, siempre fue factible, fácil y demoledor, el arma definitiva era la libertad.
Libertad creada de la nada, unos y ceros para crear historias a la medida de las circunstancias, un muro binario en el que las víctimas del viejo régimen se perderían para siempre como granos de arena que se deslizaban entre las manos de bancos y usureros.
Los ciberactivistas decidieron que se terminó destruir conexiones, páginas, servidores o equipos informáticos al enemigo.
Todo lo contrario, para inclinar la balanza de su lado debían dar un vuelco de originalidad a su concepto de guerra.
Usarían su fuerza para todo lo contrario, se preocuparían de que los sistemas enemigos estuviesen en perfecto estado de operatividad, de que la eficiencia del arsenal informático de los gobiernos del mundo permanecían impolutos a cualquier tipo de agresión.
Y después los utilizarían para liberar hombres, para matar esclavos, decidieron crear millones de identidades, insertarlas en los bancos de datos de las instituciones, simplemente el mundo sufrió un “Baby Boom” en el que los hombres perecían sin abandonar este mundo y en el que nuevas identidades poblaban aquellos cuerpos.
Nuevos nombres, nuevas vidas y una nueva historia de libertad para el esclavo que abandona su pasado y sus cadenas.
Nada debe, nada tiene, nada ha perdido pues nada era suyo y ahora con la nueva vida que se le ha regalado es libre.

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