COMPARACIONES


Mucho cambia la vida con el paso del tiempo.
También cambian los puntos de vista que guían nuestra razón hasta el punto en que los aspectos que hoy nos hacen ver a una persona como algo excepcional, mañana son los argumentos que podremos usar como arma arrojadiza para denostarla.
Pero parece ser que a lo largo de los tiempos han existido una serie de seres humanos que con su trabajo han forzado la consecución de nuevos objetivos, cambios de rumbo a la nave de la humanidad con consecuencias sociales y culturales que aun hoy pueden formar parte del hilo conductor de nuestra civilización.
Son las personas que la educación que hemos recibido nos ha inculcado como los más importantes o influyentes de la historia de la humanidad.
Si lo pensamos bien y sin ánimo de restar méritos a las aportaciones de estos personajes al conjunto de la civilización humana, que sí, son grandes; este tipo de listados y clasificaciones no son más que un ejercicio de injusticia documental de magnitudes cosmológicas.
Injusticia comparativa ecometida contra el personaje anónimo en favor del preclaro personaje que tuvo el acierto de estar en el lugar indicado en un momento dado.
¿Cómo podremos establecer una comparación entre el impacto que causó en la civilización el pensamiento del gran Aristóteles, filósofo griego que ideó la la civilización, y que sentó las bases de la ciencia y aquel primitivo humano aterido de frío que consiguió encender el primer fuego de modo artificial dando el primer paso hacia la explotación masiva y dependencia de la generación de energía?
¿Quién decide, y como, qué es más importante el logro de Cristóbal Colón, descubridor de América, inspiración viviente para descubridores y aventureros que aquellas tribus nómadas recolectoras y cazadoras que descubrían un nuevo mundo cada día, cada paso?
Quizá se le de más valía a la complejidad de los logros de un personaje excelente como Albert Einstein, creador de la teoría de la relatividad, considerado el hombre más importante del siglo pasado o a la pèrsonalidad del mismísimo Galileo Galilei, reconocido físico y astrónomo, padre de la ciencia experimental moderna, condenado por la iglesia por su visión del cosmos y por sus investigaciones.
Pero hubo un ser humano que en algún instante de la historia se dió cuenta de que si se aseaba con regularidad estaba más fuerte y sano que el resto, o uno que echó un enorme padazo de carne al fuego eliminando parásitos y haciéndola más digestiva y sabrosa.
Ciertamente la única realidad es que aunque unos pocos ponen nombre a esas cosas que la naturaleza puso ahí para nosotros, esperando a que nos llegase el momento de acceder a tales conocimientos, el verdadero mérito es del conjunto de la humanidad, del trabajo acompasado de la colmena.
Todos esos hombres los famosos y los anónimos estuvieron allí para descifrar el mensaje y ofrecerlo al resto; iluminaron pasos que hoy seguimos dando.
Son tiempos de cambio y en breve recordaremos este lapso de la historia como un paso necesario que había que dar para alcanzar un nuevo estado mental y cívico.
Seremos valientes y lo lograremos, solo quedarán atrás los que no sean capaces de adaptarse al nuevo ser humano.

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