SIN PULSO


José Luis Mera Córdoba
(Josetxo Mera)
______________________
“Tres clérigos”.
Página 13


El dijo ser el nuevo patriarca de la iglesia de Dios, mas no tiene nombre, nadie lo conoce. Es como todos los hombres que vienen de ninguna parte, su mirada de acero oculta algo, todo ese recelo los nervios a flor de piel cuando se retuerce las manos observando con especial atención hacia cualquier forastero que osa poner los pies en su casa ocultan algo.
Es un  hombre de la nada y solo responde a un apellido, quizá el materno o quizá inventado: Brolinevski.
Ni ese ser al que llama Diós conoce a su padre y al pope le debe parecer genial, porque constantemente hace lo que sea con tal de mantener ese anonimato vigente y a su difunto padre a una distancia prudencial del cielo, concretamente a unos metros bajo la hierba.
No se le conocen tampoco contactos, familia, ni amistades; es una maldita aparición que un día acudió a la Ciudad Santa a esconderse del mundo y lo logró.
Entre las muchas y notables cualidades que le adornan, la más sobresaliente es su trato amable, aunque más por su absoluta ausencia que por las sonrisas que puede llegar a regalar al cabo del día.
Áspero, impaciente con la exasperante curiosidad juvenil, no se tomó la más mínima molestia para hacer sentir al acólito bienvenido al templo, nunca lo quiso y nunca tuvo la delicadeza de una mentira piadosa.
Así que el joven optó por guardar silencio y obedecer, acomodarse en una mansa servidumbre que a base de silencios le hacían la vida fácil.
Su superior sale y por fin se marcha, es la primera vez que se encuentra solo en la iglesia sin la presencia del pope. Le sobrecoge el cambio que experimenta la atmósfera bajo la cúpula movía, el aire se vuelve fresco, dulce incluso.
Se presiona el puente de la nariz mientras mueve la cabeza haciendo gestos negativos con la cabeza.
El veterano clérigo se había vestido con un traje de pantalón y chaqueta claros, zapatos tipo Panamá y camisa blanca.
Todo le encajaba como un guante, estaba claro de que la ropa era suya y la firmeza de sus pasos revelaba que había vivido otra vida antes de su recogimiento religioso y que aquellos azarosos episodios se iban a reproducir de modo inminente.
Una corriente de aire entró súbita transportando voces ahogadas, varias velas se apagaron.
_Todo un presagio_.
Tras la puerta Abdulá se pone en pié renqueante, con gesto dolorido.
_Mi buen amigo, ¿estás bien, te abandona la salud?_.
El palestino con una sonrisa de circunstancias en la boca responde.
_Nuestros amigos sionistas han tenido a bien velar por la seguridad del pueblo de Israel tomando a este siervo de Dios como uno de esos muyahidines.
Pero si bien mis recuerdos no me engañan, tu gentileza es tan falsa como tu preocupación.
¿Verdad viejo amigo?_.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s