BAILAMOCHOS


Ayer conocí al primer troll de mi vida; bueno, mejor dicho, trolesa, porque era una mujer.
Aseguraba ejercer medicina, empezamos bien, decía ser doctora de medicina general y dermatología; os juro que estuve tentado de preguntarle como se escribe fístula, pero me pareció ofensivo para ella y cruel por mi parte, desistí.
La cuestión es que la doctorcita  parece ser que eso de ser médica le daba derecho a despreciar el trabajo del resto del mundo, o de la inmensa mayoría, porque para esa elementa, trabajar en una fábrica es ejercer de lamebotas por trabajar para una compañía.
Claro, que como buena médica generala y dermatologías de pro, me dio la solución del millón para recuperar mi dignidad proletaria: “haz artesanías”.
Inmediatamente deduje:
a) esta tía está a falta de un hervor.
b) esta tía lleva un pedo de locura.
c) esta tía se ha trasegado las medicinas de la abuela y solo ve artesanos.
Intenté explicarle que el acero es necesario para todo en la vida, le planteé una lista de utilidades reales del mismo interesante a la par que humanizante.
Traté de usar el viejo truco del chantaje emocional, esto es decirle que se usa para fabricar el material quirúrgico; para construir puentes, viviendas; para hacer herramientas para los artesanos, etcétera.
Pero nada le valía a la médica de marras porque, según ella, por nuestra culpa su país, Argentina, es pobre.
Yo, siguiendo el hilo de la conversación supuse que estaba intentando convencerme de que por culpa de las personas que trabajamos en fábricas en Bilbao, su país es pobre.
No me encajaba, porque no hace mucho que leí que económicamente Argentina le mea la oreja a España antes de que empiecen a sonar los despertadores, después de eso ni existimos.
Y porque realmente no consigo descubrir la relación que hay entre un tipo que proyecta barro en unos contenedores con la pobreza de determinadas zonas del planeta a miles de kilómetros.
Pero la medica dermatóloga me sacó de dudas, el problema de Argentina no era otro más que la inmigración, la gente mala y pobre que iba a su maravilloso país a trabajar y a contaminar su aire.
Estableció un paralelismo entre migración y contaminación medioambiental que solo me cabía en apellidos germánicos de otros tiempos, con lo cual la interfecta, entre arcada y arcada, empezó a parecerme excesivamente elemental como para ser médico.
Al menos quiero pensar que en Argentina los xenófobos e inconscientes no ejercen la medicina.
Médica, ignorante y xenófoba; el sistema sanitario argentino empezaba a ponerse interesante por momentos, pero afortunadamente ella volvió a sacarme de dudas; gracias a los hados me dí cuenta de que la doctora de marras era especial, que no había muchas personas como ella.
Con este último descubrimiento deduje que el sistema sanitario argentino tendrá de todo, como en todas partes, pero lo de esta elementa es de museo.
Es lo que tienen las personas frustradas que de pronto se hacen médicos de postín cuando solo son bailamochos de por sí.

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