CAMBIO DE ÁMBITO


Lo se, con más frecuencia de la que quisiera admitir me comporto como uno de esos enajenados apocalípticos; otras como un mesiánico demagogo insoportable y otras solo soy un enfermo conspiranoico. Pero es que a veces ocurren cosas que solo se me hacen comprensibles cuando llevo mi capacidad de síntesis a la peor de las posibilidades.
Resulta que tras décadas de encarnizada lucha entre científicos, las batallas se fueron decantando por el “noísmo”.
No hay agua.
No hay metano.
No hay mares.
No, no y no.
Tras lustros de opiniones, teorías, descalificaciones y discusiones en todos los tonos posibles; parece ser que las evidencias conducen a pensar en que efectivamente existen planetas viables e incluso trazas de vida extraterrestre.
Décadas de negaciones absurdas se van por el sumidero y los científicos noístas empiezan a quedar como idiotas.
Momento indicado a todas luces para decir “basta”, la mejor ocasión posible para dejar de subir al cielo justo cuando ese paraíso perdido que tantos sueños ha alimentado y que con tanta emoción hemos buscado empieza a asomar en los horizontes no tan infinitos del espacio exterior.
Se calcula que más de medio millón de almas acudieron a los pantanos de Cabo Cañaveral a vivir la última partida del Atlantis.
Cuarenta y cinco segundos de emoción contenida mientras los gigantescos cohetes vomitan fuego y el Atlantis se perdía en las alturas.
Los números para la historia son 135 vuelos del Atlantis, 30 años de carrera espacial, 4 astronautas, 12 días, un caudal de fondos capaz de terminar con el hambre en este mundo y en diez mundos como este; y se terminó.
Por fin Estados Unidos no ha podido sustentar por más tiempo su cosmética hegemonía espacial, la mentira que solo se creyeron los locos visionarios de Hollywood.
Y en esta tesitura es donde uno vuelve a sus tendencias conspiranoicas y piensa detenidamente en la secuencia de hechos.
La secuencia de acontecimientos indica que se acercan a la encrucijada de admitir que es posible que las imágenes de otros cuerpos celestes como lunas e incluso planetas que han estado vendiendo no eran reales, que la verdad es muy diferente y que esa panda de freaks ufófilos pueden tener algo de razón; o por otra parte, recurrir al silencio, dar un perfil bajo al asunto hasta que el tema quede definitivamente enterrado y en el olvido.
Porque de una cosa si estoy seguro, el pueblo norteamericano es facha y chauvinista; tremendamente facha y tremendamente chauvinista y sospecho que les escuece la derrota hasta en lo más profundo de la médula.
Es aquí donde el pueblo deja de protestar por los presupuestos, bajo la socarrona mirada del enemigo ruso que se jacta de haber descubierto al mundo que la tecnología yanky es una pantomima de chicha y nabo.
No podrían con semejante losa.
Simplemente el gobierno que propiciase y admitiese semejante golpe al orgullo patrio quedaría apestado por el resto de sus días; ni que decir tiene que el partido responsable del evento quedaría apestado.
No, no va a ser ese el desenlace de la carrera espacial.
Lo único que va a cambiar, dados los últimos descubrimientos, es el ámbito en el que se van a mover las partes implicadas.
Simplemente pasarán del espectáculo mediático al vasto mundo del secreto.

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