NO TEMAS


Todo parece nacer de sus labios, manar de su sonrisa y las cosas que escapan de ella trazando círculos concéntricos desde su boca hacia tí son besos en estado de gracia, espirales que nacen brisas y mueren tormentas.
Nadie se opone a la brisa con la fuerza bruta, ni siquiera tu.
Nadie se opone al huracán desnudo; nadie excepto tu.
Tu que te deleitas, con los brazos abiertos, en el sonido sordo y seco de tus huesos al romperse, al liberar como cáscaras de nuez el fruto medular de tus intenciones.
Entiendo que tengas miedo, entiendo que ser el vórtice de toda esa energía desatada siembre de dudas tus pensamientos más íntimos.
No se si debo decirte que no temas, que saldrás indemne de este choque de astros en tu firmamento; no, no debo.
Tanto tiempo has existido lejos de ti, tan lejos y tanto tiempo, que ya nada pasa sin dejar heridas, nada pasa sin trazar una nueva laceración en tu alma.
Son las heridas que duelen tanto o más al cicatrizar que al sangrar, son heridas que no quieres cerrar, pues solo cuando sientes el dolor entiendes que estás vivo.
No, no voy a decirte que no temas, no vas a salir indemne, tu firmamento no ha soportado el impacto y su estruendo son el rumor que, como todo, mana de sus labios.
El alumbramiento de la pregunta que nace, que crece y se hace fuerte ¿y si hubiese algo más allá del manido manto de estrellas?
Principio de todas las cosas que sacuden el mundo, la pregunta siempre es el primer paso, el interrogante que pesa, que ahoga que retuerce mentes y esculpe voluntades.
No, no te diré que no temas, conoces la respuesta y no son tragos dulces los que manan con mentiras en suspensión amarga y ocre, no te diré que no temas.
Solo responde tal como se ha de responder, a un ritmo constante, una inflexión de voz constante, un volúmen constante
Ciertamente es el grito que mana de sus labios, el grito que se dosifica en cada grito, en cada murmullo, simiente del odio, del ansia, de la sinrazón y por alguna suerte de milagro, manantial del torrente de besos con el que humedece toda tu piel.
¿Cómo decir que no tema al hombre que tiembla? si precisamente ese temor es lo que le mantiene unido al mundo, es lo que amortiguará su caída cuando ella arranque sus alas con un adios.
Es lo que hará el trayecto del cielo al suelo más bello si cabe que el camino hacia su cuello, la sola posibilidad de girarse y caer mirando al pasado que se marcha, que se desliza entre las nubes con los labios entreabiertos dejando escapar sonrisas y besos como un manantial generoso.
Un manantial que ya no fluye para el, un manantial que dejas atrás con la mano derecha agarrotada de dolor, transida agarrando una víscera cuyo nombre no recuerdas en el lado siniestro de tu pecho.
¡Qué buen compañero es el dolor, qué buena compañía para las oscuras locuras que hacen las delicias del hombre solo!
No amigo mío, no te diré que no temas.

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