SOCIOLOGÍA, EL ARMA.


Aún recuerdo aquellos años en los que las películas de género negro divagaban con los posibles resultados de una confrontación abierta entre los dos bloques que se jugaban los cuartos en este mundo de parias, parías y mal parías.
En una película de los ochenta el malvado servicio secreto rojo hacía uso y abuso de un arma novedosa e infalible, una máquina de matar, capaz por si misma de desequilibrar la delicada ecuación de fuerzas con la que nos gobernaban.
Los niños de entonces ideábamos armas de destrucción masiva y grupos de intrépidos soldados especiales de seis años de edad para defendernos de las malvadas amenazas de aquellos tipos tan malcarados, los mayores.
Caíamos en una carrera armamentística de imaginarios despliegues tecnológicos que terminaban en un confrontamiento dialéctico del tipo “y yo más, y mi misil más”.
Y esto me ha llevado a divagar sobre el arma más eficiente del presente, la verdadera, la que por si sola es capaz de llenar los campos de cruces.
La respuesta es bien sencilla: La Sociología.
Una batería de dementes dedicados en cuerpo y alma a estudiar las corrientes de pensamiento, a medir la temperatura del estado de ánimo de la población, a establecer los parámetros imprescindibles para que la tuerca, vuelta a vuelta, no se pase de rosca.
También establecen las reacciones, las medidas y el perfil que se le da a todo suceso.
No me refiero a la importancia de un dato determinado, me refiero a la repercusión que se le va a dar y el uso que se va a hacer de él.
Un ejemplo palpable lo tenemos en estos días de agitación, en estos momentos previos a un posible gran estallido de rebelión popular.
Viendo su comportamiento podríamos llegar a pensar que van a continuar con la represión armada contra la gran masa, nada más lejos de su intención, saben a ciencia cierta que eso es como tirar un hueso de aceituna a un rinoceronte, lo cabrearás aun más.
La respuesta es mucho más simple que todo eso; equipos de sociólogos trabajan a la sociedad como verduleros, separando cada capa de la cebolla y clasificándolas por colores, tonos, matices, olores, sabores, etcétera; después a los grupos resultantes los desintegran en subgrupos y así hasta lograr la cota máxima de aislamiento grupal.
Una vez hecho esto solo han de anexar las capas más antagonistas entre sí y provocar las suspicacias favoreciendo de modo gratuito y flagrante a una de ellas.
El resto de las partes de ese todo atomizado por el sociólogo desconfiarán de esa oveja negra, esa mosca que flota en su vaso de leche y de inmediato las hostilidades estallarán como un barril de pólvora.
Hombres contra mujeres, esposos contra esposas, hijos contra padres, viejos contra jóvenes.
Todo comprado y vendido con prebendas nacidas de la discriminación, de la mal llamada discriminación positiva.
Lo que sea con tal de romper esa armonía del “todos a una” y es que la discriminación siempre, siempre, siempre es negativa, y cuando parece estar de nuestro lado, es cuando más daño nos está haciendo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s