EL MUNDO INTERIOR DEL NONATO


Una vida se debate por existir.
El universo entero puede escuchar el llanto emocionado diluirse entre las luces, el grito primigenio que sobrecoge el alma mientras abrazado por el impacto brutal de una delirante longitud de onda que da sentido a la existencia de cada uno de los seres vivientes del mundo.
Eso es nacer, un regalo al mundo, un saludo de brazos abiertos a la humanidad que impaciente esperaba esa nueva llegada.
Y la persona en ciernes de un modo tácito e inconcebible rompe los lazos espirituales que le unen con todas las cosas, que le han contado todo lo que necesita saber, todo lo que ha de recordar.
Esa voz lejana que la esperaba como espera todas las vidas incluída la tuya.
¿Qué secretos conocerá la vida sobre cada uno de nosotros en el momento de nacer que nosotros ignoremos?
¿En qué pensamos mientras yacemos flotando en divagaciones amnióticas, sin tiempo para otra cosa que no sea formar nuestra anatomía hasta hacerla capaz de contener el empuje de nuestro espíritu?
No me cabe en la cabeza conceder un a mente en blanco al nonato ser humano del futuro.
No me cabe en la cabeza que la naturaleza dote a la madre de un vientre generoso y al hijo de un vínculo tan poderoso que ni los dioses pueden conjurar, para después desperdiciar todo ese despliegue en un duermevela vacío.
Los fetos así concebidos no saben contar los segundos, no tienen recuerdos ni emociones, son tan puros como impuros, tan buenos como malos lo utilicemos una vez venidos al mundo.
Prefiero pensar que hay un hilo conductor común a todos, una corriente de pensamientos ordenados a disposición de todos los nonatos.
Es un vínculo que les une de un modo no físico, de un modo que añoraremos sin recordar por qué durante el resto de nuestras vidas.
Me parece imposible existir sin haber vivido, venir al mundo sin un solo precedente que nos sirva de referente en la vida.
Estoy seguro de que todos, en algún momento, habéis tenido esa sensación de haber nacido sabiendo ciertas cosas.
Detalles que se antojan imposibles de conocer sin  haberlos experimentado anteriormente.
Pensadlo bien, existimos pensando que es la vida la que nos lleva por los caminos que aparentemente decidimos tomar, opciones dispuestas esperando a que nos decidamos a inclinarnos por ellas en una suerte de destino inamovible que hemos de aceptar sin remisión.
Nada más lejos de la simplicidad natural, creo que los nonatos están conectados entre sí con el todo porque de lo contrario, la soledad absoluta de un un mundo oscuro y líquido los enloquecería.
Su mundo es de luces y palabras, de risas y sobreentendidos, es un mundo de aprendizaje vertiginoso en el que todos contribuyen al tiempo que esperan su turno.
Ese ha de ser sin duda el mundo interior del nonato, los vastos espacios de ferviente actividad neuronal en los que la psique del hombre se hace raciocinio.
Si esto es así, qué cruel es nacer que como condición pone que el recién nacido pierda esa conexión de por vida.

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