HIPO


Es fácil para el ser humano entrar en barrena, entrar en el recinto circular de la impotencia y ponerse a buscar rincones.
Una vuelta y otra y otra y nada.
Mi amigo encontró uno de esos rincones improbables en la luz mortecina de la barra de un bar.
Allí nunca se sentía solo, allí nunca estaba solo; los momentos lúcidos eran cortos y sus gritos se diluían rápido entre un horrísono sonido de fondo.
El hombre empezaba pidiendo tímidamente la primera copa, la segunda y quizá la tercera; horas más tarde continuaba bebiendo con ansia.
Cada trago representaba su pequeña venganza, su desquite contra los hados que habían llenado su día de cotidianos sinsabores.
Bebió hasta hartarse, hasta resarcirse, hasta que que su organismo no pudo soportar más consuelo etílico y ordenó la rebelión.
Sus miembros temblaban en abrazos fallidos a la nada.
Sus piernas cedían bajo el peso de mil toneladas de vergüenza hasta que las consecuencias alcanzaban capas cada vez más profundas y frágiles de su ser.
Su mente empezaba a ver formas difusas, su indigestión se unía a la fiesta y por último el sistema nervioso entró en reflejo catenario descontrolado, lo que viene a ser a querer tragar, llorar, respirar o succionar con avidez.
Sus ojos se abren de para en par, su mente sabe lo que ocurre, pero el vapor alcohólico se interpone entre su centro de mando y el centro motor, su instinto se teme lo peor.
Maldita sea, su nervio frénico entró en barrena y empezó a funcionar de modo aleatorio, descordinado, a sufrir espasmos contractos, involuntarios y repetitivos que pronto llegaron a cerrarle el paso de aliento por la glotis.
Sus pulmones quedaron bloqueados sin saber que hacer.
Podían intentar expulsar las miasmas que los atiborraban, pero se empecinaban en meter más y más aire en su caja torácica.
O quizá podían tratar de tomar una nueva bocanada que no podría entrar de ninguna manera ya que estaban llenos, a punto de estallar.
Y todo este lío viene a ser la causa por la que a los borrachos se les presenta siempre como un tipo hecho una pena y con un persistente hipo.
No se por qué, pero me pregunté el por qué del tic respiratorio que se suele asociar a los estados de embriaguez y buscando, buscando, he aquí la explicación.
Y como se que es una pregunta existencial para todos los borrachos de fin de semana, que a día de hoy y a las horas que corren no serán precisamente pocos, pues aquí tenéis la respuesta.

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