POLICÍAS INDIGNADOS


Estoy leyendo las quejas de esos pobres buenos hombres, sufridores de la injusta inquina ciudadana hacia su gremio.
Casi puedo sentir el sufrimiento moral, el dolor casi físico que sienten al expresar su disgusto por el trato desagradecido que el pueblo les dispensa.
Ellos que fieles seguidores, cumplidores y guardianes de la ley y de la justicia hacen del punto 3 del art. 4 de la LO de FCSE 2/1986 su bandera.
¿Qué no sabéis a qué se refiere el susodicho punto?, ellos seguro que tampoco, pero jurar lo juran a dos carrillos.
Luego pasa lo que pasa, que quedan fatal y como lloronas plañideras cuando se dedican a vulnerar sistemáticamente lo que juran defender y el pueblo cuyos derechos machacan a patadas, porrazos, pelotados, puñetazos, pisotones, manguerazos, gases, etcétera les responde mostrando su rechazo; el rechazo que se le da al traidor que vende a su gente.
El punto 3 dice que los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad deberán jurar o prometer acatamiento a la Constitución como norma fundamental del Estado.
He de insistir en que la Constitución es un todo, una ley de leyes indivisible de la cual uno no puede tomar las que le gustan o favorecen y patearle la boca al que exige el debido cumplimiento de las “incómodas”.
Si esto fuese así,la Unión Federal de Policía (UFP) no tendría que ponerse en evidencia asegurando que los agentes de Policía se sienten indignados por ser tratados como asesinos y maltratadores.
¿Qué pretenden estos tipos? que el tipo que sangra en el suelo machacado a golpes les haga el signo de la amistad, la paz y la concordia?
Quizá debiera recordarle alguien a estos inconscientes que se les regalaban flores, que la gente se arrodillaba con las manos en alto en gesto pacífico y sumiso; quizá olvidan que esas personas arrodilladas fueron tratadas como perros y apaleados por ellos, por la policía, por las fuerzas del orden público.
Por los mismos que infiltran agentes en manifestaciones pacíficas para crear, ellos mismos, disturbios que serán la excusa perfecta para que sus compañeros machaquen a gente pacífica.
También se quejan de que la gente les escupe, les mean las botas, se desnudan delante de ellos y les insultan sólo por mirarles.
Hay que ser cínico y mal intencionado, “solo por mirarles” seguro que ellos nunca insultan ni tratan de forzar las situaciones, seguro que ellos nunca humillan a sus víctimas, seguro de que todo ese odio ha nacido por generación espontánea sin que medie acto alguno ni abuso de poder por su parte.
Cabe recordar que estos policías que hoy se quejan, son los mismos que han puesto al país en entredicho, e incluso en el punto de mira de tribunales internacionales de derechos humanos por abusos policiales, por abuso de fuerza.
Estos que se están quejando son el brazo ejecutor de un sistema que se pasa la constitución que juran acatar por el forro de sus gónadas.
Si en vez de proteger a los ladrones, a los prevaricadores, a los que están arruinando el país como pistoleros a sueldo; hiciesen la debida observación de sus funciones, tengan por seguro señores policías que no habría bajo el sol un solo ser humano que alegase absolutamente nada en su contra.
Pero se han vendido, han tomado su decisión, la de traicionar al pueblo y ahora solo les queda llevarlo con dignidad.
Parece molestarles que los indignados campen a sus anchas por las calles perjudicando notablemente a los que quieren circular libremente por la calle.
¿Qué hacen ustedes cuando aparece un prohombre de esos que tanto les gustan a ustedes acordonando barrios enteros, creando controles abusivos contra personas que solo quieren circular por su barrio, acceder a su domicilio o simplemente seguir con la normal cotidianidad de sus vidas?
¿Garantizarán ustedes la libre circulación de los ciudadanos cuando llegue el papa en su visita a llevarse crudos unos recursos que necesitamos para nosotros?
Otra vez más utilizan un argumento sesgado, si viene el papa nos fastidiamos todos y aquí no se mueve ni dios; si son personas normales las que quieren hablar alto y claro, abrimos el reparto de golpes.
Pero he aquí que leyendo entre líneas, uno descubre cual es el motivo de la indignación de la clase mamporrera española.
Culpan a la Delegada del Gobierno de Madrid, Dolores Carrión, de no ordenar cargas o desalojos desde que comenzaron las primeras manifestaciones del Movimiento 15-M hace 91 días.
Esta afirmación en sí misma es una confesión terrorífica; estas personas no buscan una solución al problema, no quieren que España arregle sus problemas; solo quieren que la delegada del gobierno les firme el cheque en blanco que necesitan para provocar otra tragedia en las calles, para dedicarse a lo que les motiva; el abuso de fuerza, romper caras y crismas y destrozar a golpes a personas pacíficas víctimas de sus amos.
Toda una declaración de intenciones.

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